Osman Patzi Periodismo Entre Don Pito y El Peine, retorciendo el discurso oficial

Entre Don Pito y El Peine, retorciendo el discurso oficial

Periodismo de humor político en Bolivia:

Entre Don Pito y El Peine, retorciendo el discurso oficial

 

Osman Patzi Sanjinés[1]

 

 

Introducción

En la numerosa prole del feliz romance entre la periodista y el payaso, el género es casual, uno de los hijos, el ovejo oscuro, el más parecido al papá, se llama periodismo de humor.

El chico tiene varios apodos y a él mismo le encanta ponérselos a sus prójimos. En el barrio universitario, donde se instaló no hace mucho con su familia, no es muy bien visto. Sus vecinos académicos lo han mirado siempre por encima del hombro.

Víctima fácil del acoso, el tal periodismo de humor suele manifestarse tímidamente en publicaciones formales o en publicaciones generalmente efímeras, siempre para vergüenza de sus parientes.

Solitaria es su vida, por mucho que intente alegrarla con sus chistes, porque la parentela no consigue ni desea entenderlo, y permanentemente lo llama a la reflexión para que recapacite y opte por seguir a sus hermanos en el periodismo serio o que ingrese abiertamente al ámbito de sus primos cercanos, en el entretenimiento, con disfraz y todo, donde incluso podrá aspirar a mejores perspectivas, sobre todo en la televisión.

Es terco porque tampoco quiere ser considerado humorista. Es obstinado y tiene una fijación enfermiza en contra de los poderosos, tengan el color que sea, incluso peor si llegan a ser sus allegados o parientes, pero golpeando donde más duele, con la burla. No hace chistes para que la gente ría, los hace para que la gente piense, se incomode y sonría con complejo de culpa. Tal es el espécimen del cual vamos a hablar apenas lo necesario, para no abusar de la tolerancia de los académicos aquí reunidos.

 

Como contrapoder 

En su libro Política para bufones (2012) Pedro González Calero, señala que la sátira política acompañó siempre al poder, “así que nada mejor que recorrer su historia a través de las burlas de aquéllos que con ingenio trataron de dejar a los déspotas en evidencia”.

Es fácil reírse de los políticos a los que se encumbra tan fácilmente y tanto cuesta bajarlos, porque abusan de su poder, y de los empresarios a los que se les engorda la billetera, y de los artistas y deportistas a los que se convierte en ídolos.

En el periodismo se usa la sátira como una forma de control social, como contrapoder. Se dice que se ríe a costa de ellos, porque ellos se ríen de los demás todo el tiempo, por lo tanto, es una expresión popular que canaliza el descontento. A Carlos Marx se le atribuye haber dicho que la historia se repite, primero como tragedia y luego como parodia. Porque después de una lucha violenta y tras el reacomodo de las fuerzas, los cambios se diluyen y el accionar de los nuevos poderosos es un remedo grotesco de lo que se hacía antes. Y no les causa gracia quedar en evidencia.

A los detractores de esta supuesta especialidad (el humor) les parece que esto no es periodismo, porque pasa por alto las que, se supone, son normas básicas del oficio. Y puede que tengan razón.

No se contrasta fuentes, se atenta contra la imagen, se exagera, se distorsiona, se fragmenta, se manipula, se omite con burla y se refuerzan estereotipos. En síntesis, se caricaturiza hechos y personas con alevosía y de manera impune. También se dice que no debería tener límites y cuanto más arbitrario mejor.

Empero, se puede lograr cambios a partir de la crítica social. No es sólo el chiste. Tiene que haber mensaje. El periodismo de humor es un factor de cohesión social que ratifica percepciones, porque cuando se miran caricaturas y viñetas en los diarios no se está mirando sólo dibujitos. Cada trazo esconde un poderoso mensaje. Leyendo entre líneas a los periodistas de humor, se puede entender fenómenos que de otro modo nos resultarían incomprensibles.  “Es la contraparte del efecto triunfal del discurso hegemónico”, dice María Ximena Ávila (2003) docente de la universidad Nacional de Córdoba.

La utilización sistemática de la paradoja, como recurso crítico, es una especialidad del fotomontajista Josep Renau (1977). O como se suele decir en el medio: lo bueno que tienen estos conflictos políticos es lo malo que se están poniendo”.

Teun van Dijk (1999), recuerda que:

el proceso de producción ideológica no es unilateral. No sólo se dirige del poderoso al público en general a través de los medios, ya que la elaboración de consentimiento puede también implicar una orquestación de disconformidad que refleja la estructura de poder. Las condiciones socioeconómicas también contribuyen a los contenidos y a las formas de opinión pública y dentro de unos márgenes flexibles, pero controlados, de protesta y resistencia los medios de comunicación, llevan el feedback hasta la estructura de poder.

 

Comparto con ustedes una frase del caricaturista del diario ecuatoriano El Universo, Xavier Bonilla, perseguido y procesado por el gobierno de Rafael Correa, hablando sobre el humor en el periodismo: “El humorista no tiene enemigos. Pero los enemigos siempre tienen un humorista. No entre sus filas, sino que tienen un humorista que les sale al paso al convertir, como un Midas al revés, en hojalata todo el oro que pronuncian”.

 

Sin embargo, existe una condición primordial para el humor. Y es que no es apto para los no inteligentes. Un instrumento fuertemente utilizado por el humor es la ironía. La desventaja de su tangente eufemística es el requisito de la inteligencia. Sólo el receptor inteligente puede procesar las significaciones que se desprenden de su ausencia y su presencia. La ironía es fundamentalmente cultural y esta clausura hace difícil su exportación.

La definición, desde el punto de vista de la semiótica, es clara: El humor no es un género autónomo. Se trata de un sesgo ideológico que toman las historias, una retórica específica. El mecanismo simbólico de su engranaje se inaugura en la transgresión, un romper las convenciones, pero esta ruptura no activa reacciones violentas o desagradables. Su táctica es, justamente, la empatía. De otro modo, el efecto deseado (la risa y la sonrisa) se anula y ya no es posible el goce.

El equívoco y el doble sentido son sus vehículos, los cuales emergen de procesos erráticos de la comunicación, de significaciones ajenas que tratan de ser compartidas.

El humor encuentra su materia prima en lo cotidiano. En ese espacio temporal es posible rescatar situaciones erróneas y hurgar sus signos. José Luis Martínez Albertos (1974) sostiene que el campo del humor en el periodismo, se extiende desde el costumbrismo a la política, y los encuadra entre los géneros interpretativos.

 

La vocación periodística por el humorismo político

Entre las múltiples respuestas sobre cómo nacen las vocaciones por este género periodístico en particular, encuentro bastante aceptable la teoría del biólogo Edward Osborne Wilson (1980), denominada sociobiología.

Según este biólogo, las humanidades y las ciencias sociales pasarán a ser ramas especializadas de la biología. O sea, los futuros periodistas en este momento están en laboratorios, literalmente.

Explica Wilson que las especies, incluida la humana, nacen determinadas genéticamente para cumplir determinados roles. Puso como ejemplo, en su texto Las sociedades de insectos, que una sola hormiga reina daba a luz a un millón de crías de una asombrosa variedad de tamaños, cada una de las cuales estaba destinada a cumplir una función específica. Las obreras salían a buscar comida. Las hormigas soldado formaban un ejército de merodeadoras, como los hunos y tártaros, y atacaban a otras colonias de hormigas. Se comían los cadáveres de sus víctimas y se llevaban como botín sus larvas para provecho de su propia colonia. Otras hormigas asumían el papel de granjeras, subían a árboles, capturaban orugas y larvas de escarabajos, “ordeñaban” sus secreciones (más alimento) y las llevaban a pasar la noche a la colonia subterránea, es decir, a las cuadras. ¡Como ganado! Nadie las entrenaba ni aprendían por observación. Nacían y ya sabían qué debían hacer.

Sospecho que entre la especie en extinción de los periodistas también ocurre esta selección.    Apoyado en la teoría de Wilson me atrevo a decir que basta mirar a los periodistas para adivinar qué especialidad tienen. Y con muy estrecho margen de error.

Parte de la historia no oficial en Bolivia

Chauvinistas como en cualquier lugar del planeta, los bolivianos se jactan de ser especiales y de conformar una sociedad única en el universo. Lo dicen incluso quienes tuvieron oportunidad de traspasar fronteras y de surcar océanos y cielos intercontinentales. Por lo tanto no sorprende que se escuche o se lea que las condiciones naturales de este país son ideales para ejercer el periodismo de humor político, si es que se lo acepta como un género más. Cuando al humorista boliviano David Santalla (2011), le preguntaron sobre el humor político, dijo: Muchas veces yo he evitado hacer humor político porque no me gusta la pornografía. Muchos mienten…”

Como sea, desde los albores del periodismo boliviano se han tenido noticias de la práctica de la ironía, el sarcasmo, que es como se suele identificar al periodismo de humor, sea abiertamente en columnas o publicaciones especializadas, o de modo más discreto, mimetizado entre el periodismo serio, o como ya se adelantó, en fugaces publicaciones independientes.

La inestabilidad política, o más bien lo estable de la personalidad en la generalidad de los bolivianos metidos en política, previa demostración de aptitudes en la práctica de algunos de los deportes nacionales como: el descontento, la envidia y la ambición, lo cual se aplicaría también a cualquier parte del planeta, según cómo nos percibimos individual y colectivamente, se interpreta como una ventaja.

De manera que para entender la historia, los procesos sociopolíticos contemporáneos, es preciso tomar en cuenta esta historia no oficial, porque el periodismo de hoy es la historia de mañana.

Desde la época en la que las rencillas, que provocaban los comentarios periodísticos, se resolvían en duelos de honor con padrinos incluidos, hasta los tiempos actuales en los que las reacciones son más sutiles. Un siglo de periodismo de humor boliviano, parte de la historia oficial y otra no oficial, registrada en cuartillas de escasa circulación, donde las vergüenzas nacionales no se esconden ni se disimulan, ni tampoco las victorias resultan sobredimensionadas.

En la revisión de la historia del periodismo boliviano se encuentra que la mayoría de los más connotados periodistas, en algún momento, hicieron periodismo de humor. Luis Ramiro Beltrán fundó en Oruro el semanario humorístico Momento y ejerció la sátira hasta dedicarse de lleno a la investigación sobre la comunicación, a inicios de los años cincuenta. En Oruro también circuló El Mosquito, de José Luque, que luego dirigió Cascabel en La Paz. Pedro Rivero Mercado firmó su columna como Tertuliador durante más de cuarenta años. Desde el mojón de la esquina, inspirado en El Buho, un periodiquito cruceño, describe en clave de humor, la época del auge de la goma. Otro ejemplo es Olla de grillos de Jorge Mancilla Torres, que firmaba como Coco Manto, perseguido por la dictadura de Hugo Banzer, que ahora vive en México.

Los llamados periódicos de Alasita, desde hace más de una década en varias ciudades del país, se hacen en esta clave de humor político.

Nos detenemos en cuatro estudios de caso, que de ninguna manera son los únicos ni necesariamente los más relevantes, pero son los que expresan mejor la relación entre periodismo de humor y poder político, en tres momentos históricos concretos: El semanario Don Pito, la columna de Paulovich, la revista Cascabel y el bando El Peine.

 

Don Pito

La asonada del 12 de julio de 1920, en el ocaso del gobierno liberal, generó un tormentoso ambiente político en el que las gacetillas palaciegas, nótese lo de ciegas, exaltaban las virtudes del gobierno liberal, mientras los periódicos del llano denunciaban el desbarajuste administrativo, desfalcos al erario fiscal y los privilegios del oficialismo. Cualquier pretexto se utilizaba para atacar y ridiculizar al Ejecutivo (Moscoso 1978).

Entre el gobierno de Bautista Saavedra y las postrimerías de la Guerra del Chaco, las rencillas políticas se hicieron más encendidas. Hubo deportados y se atacó la redacción de El Diario, trinchera del partido liberal.

Esto no ocurría únicamente en la sede de gobierno. En el diario La Patria, en Oruro, el 19 de octubre de 1923, el editorial señalaba los siete suplicios que el periodista debía soportar: 1. El de escribir para un lector en su mayor parte incomprensivo, 2. El ser juzgado no por gentes de su oficio, sino por profanos, 3.  Sufrir a sus colegas armados de enconos y emparedados de prejuicios, 4. En que casi siempre su honor y su carrera son incompatibles a menos que se mantenga recto y libre, en cuyo caso peca de extravagante, 5. El de la enemistad de los gobernantes, 6. El de sus colaboradores que rara vez son útiles y desinteresados, y 7. El del empleo incompensado de sus esfuerzos. Moscoso (1978).

La fusión de saavedristas y republicanos disidentes sostuvo al presidente Hernando Siles. A esta alianza se la llamó La Unión Nacional y el fenómeno político, aplaudido por el periódico Nueva Era dio insumos suficientes como para que un grupo de periodistas críticos y apegados al humor, escriban su versión sobre la historia con un semanario llamado Don Pito.

Viajemos, pues, a la ciudad de La Paz, al año 1926, cuando con 10 centavos y un poco de suerte se podía adquirir en la calle uno de los contados ejemplares de este semanario, dirigido por Roberto Jordán Cuéllar, con Víctor Maldonado Arce como jefe de Redacción y bajo la administración de Hugo García.

Un impreso de ocho páginas en tamaño tabloide, con ilustraciones de D.M. Landa que aparecía los lunes, y hasta el martes, ya no era posible encontrarlo en los puestos de venta, y como en aquel entonces no había fotocopias ni teléfonos que lo puedan fotografiar para compartirlo en WhatsApp, pasaba de mano en mano confidencialmente y a veces se extraviaba o se destruía involuntariamente, con sospechosos derrames de café o de api, o el viento abusivo dirigía certeramente las hojas a las brasas de alguna chimenea estratégica.

Ubiquémonos en el gobierno de Hernando Siles, con los banderines del centenario de la República, todavía presentes en las calles de la sede de gobierno -no hace mucho arrebatada a Sucre-, medallones conmemorativos aún relucientes y una urbe, La Paz, con su clase dirigente disfrutando de los beneficios de la explotación minera en Oruro y Potosí, comerciando con Europa, viajando en tranvía y mostrando estampas de otros pueblos del país que no tenían ni pavimento o alumbrado público como si fueran de otro continente.

¿Qué es lo que aparece en la primera página de este pasquín, a mucha honra? Bajo el encabezado, lo que en estos días se llama pomposamente logotipo e isotipo, la advertencia de que “no se aceptan duelos”. Negativa justificada en uno de sus editoriales, con el sólido argumento de que les parecía innecesario ofrendar la vida por algo tan vano y, que no disponían ni del tiempo ni de los recursos para pasarse las jornadas laborales entretenidos en tan arriesgados lances.

En primera página, edición del 29 de noviembre, estaba la caricatura dibujada de la víctima ocasional, generalmente autoridad relevante. Acerca del prefecto Arturo Prudencio se lee:

Se trata de un milagro con bigotes y lentes. Arturito es un milagroso chulicolímetro (…) cuando se trata de escribir de él, los adjetivos escasean, pues don Prudencio es escaso con todo respeto. Si a su cabeza nos referimos, pocos pelos le restan, ni qué decir de sus lentes, pues solo lleva uno para cada ojo: total, cuatro lentes. De todo él, lo más importante a nuestro juicio son sus hermanitos, simpáticos por excelencia y sport de profesión. Hoy por hoy es el prefecto de La Paz. Ante él por eso, doblamos esta humilde ofrenda de nuestros sentimientos y después de despachársela en un sobre sin estampilla, le deseamos luenga vida, buenos almuerzos y feliz desempeño. He terminado, no lo he fastidiado, pero he dicho: Usted será el siguiente.

De ese modo anunciaba a su próxima víctima, “porque el que avisa no traiciona”.

Refiriéndose a otra alta autoridad, Pepe Indaburo, comenta que aprendió a tocar el violín a los 3 años de edad. Luego interroga: ¿A qué edad se le olvidaría, no?

En su sector de diccionario, se lee: Agua.- Lo que venden en La Paz con el nombre de jugo de vaca”.

Don Pito, que no habla bien de nadie, tenía su redacción en la avenida Montes, número 106. En el Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia se conservan cuatro ediciones.

En sus páginas interiores estaba la nota editorial y espacios fijos como: Un día como hoy, el panorama político, pensamientos, fragmentos del libro La Paz vista desde 8.000 metros, de Daniel Pérez Velasco, nuestros libros y autores, el solfeo semanal y noticias baratas.

Entre otras cosas afirmaba que en Bolivia “no hay políticos, lo que hay son politicómanos, politicastros, politiqueros, politicómicos, politicogastrónomos, politicomodaticios, etc”.

En el editorial del primer número anuncian que: “al lanzar nuestra hoja a la circulación pública nos guía el interés de depurar el ambiente nacional…”

El lunes 13 de diciembre de 1926, en la página 4, bajo el editorial, aparece una nota que sirve para comprender mejor su posición entre sus colegas de oficio. Tiene el título: Personificación y color de la prensa local.

Acerca del periódico La Razón dice:

Señorita iracunda, violenta y rencorosa, mártir del Gólgota, del periodismo de raza puramente criolla. Le rompieron varias veces la dentadura con la que mordía fuerte, muy fuerte. La arrojaron a la calle desde su propia casa, por los balcones. Fue quemada viva como Juana de Arco. Ha salido al extranjero a pasar largas temporadas de veraneo oficial. Su boquita ¡ay! Que boquita. Parlanchina, decidora, ha sufrido las caricias de fríos candados y ásperas herraduras, consolada ahora con lágrimas en los ojos, condena a los que mal la quisieron (aunque a los que la maltrataron peor los abraza sin rencor y a regañadientes (dientes postizos) Se ha entregado últimamente () Su papito se lo ordenó pero aún tiene sus caprichitos. ¿Su color? Rosado verde agua.

Sobre El Diario escribe:

Este pobre viejo ya tiene sus añitos. Hombrecito de pecho en pelo, en pelo de otro pecho (de pelo en pecho no lo es) tiene pelos en la lengua. Habla con reserva, que es timidez o conveniencia (cree practicar aquello del ‘congreso de periodistas’ (…) no escribir como periodista lo que no se puede escribir como caballero. Apostamos a que nadie sabría decir cuál es el color de El Diario. ¿Que es incoloro? No, señor, o blanco o negro. Es blanco con matices verdes y aquí hacemos paréntesis al parentesco. El Diario ha sido condecorado también con las insignias de la herradura y la Orden del destierro.

Acerca de la Nueva Era:

Nueva Era es una ternera. Si no es verso es la pura verdad. Una ternera de nacimiento. Y es glotona y es guagua todavía. Es polícroma”.

De Bandera Roja dice:

La Bandera Roja es verdaderamente hábil lavandera de trapos sucios que después de exprimirlos los saca al sol. Su lema es Trapitos al sol. Su especialidad son los trapos que huelen a burgués, los trapos negros y morados que huelen a vela de sebo e incienso. Los pelos que le faltan en la lengua los tiene de sobra arriba del ombligo en ese lugar llamado pecho. ¿Su color? No es sencillamente rojo, es un rojo exclusivamente suyo, un rojo bomba anárquico, adinamitado.

Resulta evidente la afinidad con este medio, lo cual también se manifiesta en el editorial del 6 de diciembre de 1926, que lleva por título Los hijos de sus mamás. Dice: “nosotros estamos, valga la aclaración, al mismo nivel del valiente periódico Bandera Roja”.

 

Paulovich, 57 años y van

Uno de los mayores referentes del periodismo de humor en la actualidad es Alfonso Prudencio Claure, pariente próximo del Prudencio aludido en el semanario Don Pito, mantiene su Noticia de Perfil desde 1958, primero en Presencia y posteriormente en varios diarios del país, de modo simultáneo.  Quien inicialmente firmaba como Paulo y luego y hasta ahora como Paulovich, hizo un amague de retiro hace un par de años, alegando problemas con la vista, pero retornó casi de inmediato, aunque con menos frecuencia en sus publicaciones, y convencido de que tiene una misión, casi una responsabilidad, con esta forma de hacer periodismo. Entrevistado por el diario Página 7, enfatizó que los cultivadores contemporáneos del género eran “Gustavo Adolfo Otero, Juan Francisco Bedregal, Walter Montenegro y yo…” Y que no había más. (Alfonso Prudencio 2015).

Muchas de sus columnas periódicas fueron editadas en sus libros: Bolivia, Typical país (1960), Rosca Rosca, ¿qué estás haciendo? (1960-1961), Cuán verde era mi tía (1967), Apariencias (1967), Memorias de un joven puro (1973), Florecillas y espinillas (1973), Conversaciones en el motel (1976), Un humorista ante el muro de los lamentos (1980), Manual del perecto negrero (1980-1981), Elecciones a la boliviana (1989), Ríete y serás feliz (1994-1995)

La serie de semblanzas de figuras públicas publicadas en el suplemento literario del diario Presencia se titulaba “Apariencias” y se parecían mucho a las “Pitadas” de Don Pito, porque estos perfiles humorísticos eran ilustrados con caricaturas dibujadas por el escritor Pedro Shimoshe.

La noticia de perfil apareció en 1958, cuando Presencia pasó de ser semanario a diario. Su director Huáscar Cajías le encomendó la tarea de hacer una columna de humor. Fue así que la columna Cartas a mí mismo, que escribía semanalmente, firmándola como Paulo, pasó a ser La noticia de perfil, esta vez firmada con el seudónimo de Paulovich, que en lengua eslava quiere decir ‘el hijo de Paulo’.

Prudencio considera que escribir sobre humor es más difícil, porque se trata de un género mayor dentro de la literatura y el periodismo. “En un artículo serio se conoce el motivo, se busca el origen y el fin de cada problema; se hace un razonamiento y finalmente se llega a una conclusión. En cambio en el humor se puede repetir todo ese proceso, pero con mayores ingredientes, los cuales hay que saber utilizarlos”.

Ha creado varios personajes que le ayudan a interpretar la realidad social y política “para que los lectores no se aburran al leerlo en primera persona”. La tía Restituta viuda de Batistuta, los tíos Pelópidas y Huebastián, la tía Omaygad y también con su esposa, la ‘hispanoparlante‘.

Una columna reciente, publicada el 27 de agosto de 2015 es esta:

Evo no debe agacharse

Mientras mi mente ponderaba las consecuencias de la caída en la Bolsa de Valores de Shangai y Hong Kong, y las repercusiones de ese hecho en el precio de mis calzoncillos, apareció en mi oficina periodística la cholita cochabambina que me informa acerca de la actividad palaciega para decirme en voz alta y clara: “¡Es preciso que usted sepa que Evo no debe agacharse!”.

Completamente ajeno a la decisión gubernamental de agacharse o no cuando le da la gana, pregunté a mi reportera la razón de su extraño anuncio acerca de la posición vertical o inclinada de nuestro mandatario vitalicio, comprendiendo la cholita mi sorpresa al escucharle decir que Evo no debe agacharse. Recién entonces me enteré del escándalo nacional e internacional que se armó cuando en las pantallas de televisión empezaron a reproducir la escena que muestra a nuestro mandatario ordenando a uno de sus guardias personales que le atase los cordones de sus calzados, como si Evo no pudiera hacerlo él mismo, aunque en una posición indigna.

Al ver el mencionado video, comprendí al mandatario y entendí claramente la indignada frase de mi comadre “Evo no debe agacharse”, uniendo mi voz a la de mi comadre porque un hombre no debe agacharse jamás y menos todavía una mujer, porque en este mundo falaz nadie respeta a quien se agacha, sea un Presidente, un Vicepresidente o una cholita virtuosa como es mi comadre Macacha. Ya ingresando en el terreno práctico, la cholita cochabambina nacida en Quillacollo hizo caer al suelo un dólar, al que yo miré despectivamente, sin realizar ningún esfuerzo para recogerlo, actitud que aplaudió Macacha, sin comprender que otra habría sido mi actitud si se hubiera tratado de una cantidad mayor.

Volviendo a la negativa de Evo a ponerse en posición antiaérea para amarrarse los huatos de sus zapatos, dije a mi bambina cochabambina que nada habría sucedido si nuestro bien empilchado (que no es sinónimo de elegante) Presidente hubiera llevado “mocasines”, calzados muy cómodos y libres de “huatos”, como decimos los cholos en mi puebloAl finalizar nuestra conversación, convinimos con mi discípula en que esta fue la anécdota de la semana y que nuestro pueblo al conocerla criticó mucho a nuestro Presidente Vitalicio, acusándolo de endiosado y soberbio, siendo mi comadritay y yo los únicos que lo defendimos porque la vida nos ha enseñado que nunca hay que agacharse porque es peligroso.

 

Revista Cascabel

Si Prudencio es un referente en cuanto a columnistas, la revista Cascabel lo es en publicaciones especializadas.

Dirigida por Raúl Gil Valdez, y también por José Luque Medina, con Juan Alfaro Ramírez como subdirector, Fernando Terán como gerente y Carlos Calla como administrador, circuló durante más de 25 años y, según lo que se tiene documentado, es el medio humorístico que estuvo más tiempo en circulación. Entre las firmas de colaboradores figuran: Julio Arce, Raúl Rulo Vali, Jimmy, ‘Cocolizo Malatuerca, Tintazul, Ricardo Frías Sifrico’, René Mallea ‘Rema’, Calderón de la Parca y Guido Franco.

Con los sobrenombres y con los colaboradores ocasionales, existen dos fenómenos: Hay periodistas que usaron más de un sobrenombre, según la época y para burlar a los censores, y hay también sobrenombres multiplicados, es decir que varias personas usaron el mismo apodo. Las características del ejercicio de este tipo de trabajo así lo determinaron y por ello se suelen confundir. “Estamos nuevamente en las callosas manos del trabajador y cuidadas manitas del patrón. Ni referirnos a las manos descansadas y satisfechas de los que reciben dos mil setecientos mensuales”. (Cascabel número 79, año 25, diciembre de 1986. 3 bolivianos).

De ese modo inicia la nota “Edictorial”. Correspondiente a la tercera y última época de esta revista, fundada en 1960, desaparecida en 1970, relanzada en su segunda época en 1981 -antes del retorno a la democracia (1982)- y cerrada meses después, luego de seis números, durante el periodo hiperinflacionario, en el régimen de Hernán Siles Suazo.

Esta revista reunió a grandes dibujantes e historietistas con reconocidos periodistas. Abordó la política criolla, sazonándola con ironía y mostró el lado humorístico de un periodo marcado por sucesivos golpes de Estado y en sus últimas ediciones abordó la problemática del narcotráfico, corrupción, crisis económica, y también criticó la programación en la TV.

 

El Peine

Como se señaló, el ejercicio del periodismo de humor político tiene muchos ejemplos en Bolivia. En Santa Cruz, durante el auge del narcotráfico y en el periodo de la democracia pactada, surgió uno de sus referentes.

El referente de periodismo de humor en Santa Cruz tiene disfraz de bando carnavalero. o viceversa. Circula desde 1989 y reúne las características de una revista de humor político porque trasciende a lo carnavalero. En sus 26 ediciones ha mantenido su espíritu crítico y mordaz.

Walter Sánchez, uno de sus fundadores, sostiene que El Peine se ha ganado el sitial que tiene, porque pudo mantener su independencia de los poderes en los sucesivos cambios de gobierno a escala nacional y regional. Por este motivo también ha sido cuestionado por medios de comunicación que se sienten afectados por sus comentarios.

Editado en forma de revista, tiene secciones fijas y se mantiene actualizado con los temas políticos, deportivos e incluso de la farándula internacional y criolla.

Abordar un tema tabú, como lo fue la relación entre la política, el narcotráfico y el deporte, y enfrentarse a medios de comunicación tradicionales le dio un sitial preferente y diferenciado con respecto a otros bandos carnavaleros.

Alejado geográficamente del centro de poder político, a diferencia de los otros casos nombrados, El Peine aborda en sus ediciones las relaciones de los círculos de poder económico en Santa Cruz y critica a los gobiernos departamentales y municipales.

Influenciado por publicaciones universitarias, ganó las calles primero de modo gratuito y luego, gracias a su éxito, se vende durante la época carnavalera.

 

Apuntes finales

El humor político se ejerció y se ejerce en Bolivia desde los albores del periodismo. Se trata de un humor que busca incidir en la sociedad, cumple un rol social como contrapoder y utiliza las herramientas de la ironía, la paradoja, el absurdo, para convertirse en una expresión popular y accesible.

Los cuatro momentos y ejemplos concretos, aquí expuestos, ayudan a entender los complejos periodos de la inestabilidad política nacional. Cada uno utilizó las herramientas que tenía a su alcance para interpretar y cuestionar, desde la perspectiva humorística, al poder y también a la sociedad.

Es una aproximación, en el entendido de que falta por descubrir y sacar del anonimato a muchos otros, así como identificar las nuevas formas de hacer periodismo de humor, por intermedio de redes sociales o usando distintos soportes.

 

Referencias bibliográficas

A

Martinez, José Luis. (1974) Redacción periodística. ATE, Barcelona.

Jelen, Marcelo. (1997) Traficantes de realidad. CBA. Montevideo.

G

Prudencio, Alfonso. Entrevista al diario Página 7 (31 de mayo de 2015).

Renau, Joseph.( 1977) The american way of life. GG. Barcelona.

Santalla, David.   Entrevista en el diario El Potosí (20 de marzo de 2011)

Van dijk, Teun. (1999.) Análisis del discurso social y político. Quito, Ecuador: Abya-Yala,

W

 

[1] Periodista y director del periódico virtual satírico “El Otro Amarillo”.  Docente en la Universidad Privada de Santa Cruz UPSA. Columnista de El Deber.

 

Ponencia presentada en el IX Encuentro Nacional de Investigadores de Comunicación, Sucre, Bolivia septiembre de 2015.

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