Osman Patzi Periodismo Río Moreno enmallado como propiedad privada

Río Moreno enmallado como propiedad privada

-Han colocado malla olímpica con alambre de púas, con cimientos y postes de concreto en pleno río Moreno, sin dejar siquiera espacio para la playa en el municipio de Porongo.

-En el municipio de Portachuelo, los munícipes salientes, aprueban una urbanización de 777 hectáreas que invade una zona protegida en la normativa ambiental a sabiendas de que es así.

-Vecinos de Las Cruces rechazan la explotación minera porque consideran que atenta contra sus magníficos acuíferos y siguen esperando que les construyan la carretera que los conecte con Urubó.

-La ausencia de control municipal se nota en la acumulación de basura en los ríos, la invasión en áreas protegidas y el desvío de cursos de agua.

El río Moreno, en el municipio de Porongo

Por Mercedes Fernández y Osman Patzi

Algunos de los vecinos de Rubén Darío Ruiz, que también tienen colindancia con el río Moreno, no hace mucho vendieron sus propiedades a los urbanizadores en el municipio de Porongo.  Picados por la curiosidad, este equipo periodístico fue a verificar qué tanto habían avanzado en los encerramientos. Así se comprobó que han colocado cimientos de concreto para asegurar la malla olímpica, postes, y un remate con alambre de púas en la parte superior, en la orilla del río. No a 1.000, ni 300, ni 100, o 50, ni 20 metros. A cero metros. Ni siquiera han dejado playa. La instalación es relativamente nueva, se estima de unos tres meses, y es una afrenta grotesca a la norma ambiental, al sentido común y al paisaje. ¿Qué autoridad permitió semejante abuso? ¿Se tolerará?

Javier Oropeza, cuya familia materna y paterna está asentada por generaciones en la zona, acompañó la travesía y estaba recolectando basura al paso. “Es lamentable ver todas estas cosas, que contaminen nuestros ríos. Algo hay que hacer, no podemos estar mirando sin decir nada. Es una barbaridad, el enmallado está dentro del río”, sostiene indignado.

Cuando en la primera entrega de este reporte periodístico se denunció que los alambrados en el municipio de Portachuelo estaban muy próximos al río Moreno, menos de cien metros, había indignación, pero esta última verificación, en el municipio de Porongo, ya resultó inaudita. Con razón se ofrecen lotes, ya no con playas artificiales o lagunas improvisadas. ¡La oferta es playas naturales porque ya las tienen encerradas!

Una semana después de dicha publicación se sabe que el ruido de las motosierras en la banda opuesta anticipaba lo inminente: concejales municipales salientes aprobando con apuro indisimulado una urbanización de 777 hectáreas, denominada Quintas del Urubó I, porque están en carpeta las extensiones II y III, pese a que está sobrepuesta al área de servidumbre ecológica según el informe técnico, ¡pero se sugiere la aprobación de todas maneras! La sesión en la que se leerá el informe y la sugerencia arbitraria será el jueves 22 de abril en el Concejo Municipal de Portachuelo.

El tesoro de Las Cruces es inmenso, líquido y cristalino

Rubén Darío Ruiz vive en Las Cruces, en el municipio de Porongo, y proclama con orgullo indisimulado el tesoro que tiene bajo sus pies: inmensos bolsones de agua dulce de altísima calidad y no se imagina cambiando esa riqueza con minerales o las migajas que entregarían a cambio los explotadores mineros.  “Se han hecho estudios cuando se perforaron pozos y el resultado es asombroso. Los reservorios son inmensos. Agua purísima, casi a nivel del suelo”, señala.

Ruiz está enterado de los rumores que corren en la comunidad sobre las tratativas de los representantes de una empresa minera con pobladores de la zona para que la explotación de minerales vaya a una consulta previa, aunque de entrada se muestra bastante escéptico. “No creo que la gente se deje convencer. Los que vivimos aquí valoramos el agua porque dependemos de ella. Tenemos que pararnos, no podemos permitir eso”, remarca y aclara que su propiedad colinda con las urbanizaciones de las empresas Techo y Faros del Urubó.

Sin embargo, reconoce que existen nuevos propietarios de grandes extensiones de tierra a los que poco podría importarles la suerte de las comunidades como Las Cruces y aledañas, a saber: El Magué, Pozo Colorado, Sombrerito, Agua Dulce, Villa Guadalupe, Maguecito, Chaco Güembé, El Hongo, Guendá Espejo, Guendá Tacuara, Guendá Patriota, La Perdiz, Lomas del Cuchi, Luquillas, Nueva Palestina, San Jacinto, San Pedro, San Simón, Terebinto, Cooperativa El Dorado y otras. Sea porque tienen sus propios intereses o porque una sola empresa estaría acaparando las antiguas quintas y ranchos de pastoreo para cambiar el uso de suelo y urbanizar o explotar minerales.

Una carretera que todavía no llega

Herman Cuéllar (73) nació, creció y vive en Las Cruces. Lamenta que en poco tiempo haya habido tantos cambios, pero el más necesario, un camino estable que conecte la comunidad con la carretera Urubó – Porongo todavía es un sueño, aunque tampoco lo cambiaría por perder el agua pura. “Las urbanizaciones nos están rodeando. El montecito que teníamos casi no hay y dicen que los mineros hasta han ofrecido hacer ellos la carretera. Yo prefiero seguir bregando, sin carretera, no estoy de acuerdo con que vengan a contaminar todo. Yo ya estoy viejo, pero tengo hijos y nietos, hay que pensar en ellos”, reflexiona.

Recuerda con nostalgia la época en la que todos se conocían y llamaban Alcornocal a esta zona. También cómo los engatusaron poco antes de la construcción (1997-1999) del puente Mario Foianini para que vendan sus parcelas a precios ínfimos. Dos años después, con el dinero de la venta de más de 60 hectáreas, apenas le alcanzaría para un terrenito donde hoy tiene su vivienda, en la ruta Las Cruces-Terebinto.

El vecino más antiguo de Las Cruces

El que se considera vecino más antiguo de Las Cruces, “el único que sobrevive”, según sus palabras, es Marcelino Jiménez Pérez (86). Su casa es referente, en diagonal al templo católico, separados por la plaza y a la vez campo deportivo del pueblo. Lúcido y saludable, reitera una y otra vez que él y su amigo Hugo Oropeza (+) eran los propietarios de todo el pueblo y que ambos regalaron las tierras a los habitantes de la zona. “No hemos recibido ni un peso. Gratis. Se las dimos para que las trabajen y vivan. Ahora ya las vendieron o quedan los hijos de las personas a las que se los entregamos, pero así fue. Con Hugo las repartimos”, apunta.

Fue en la cabaña de su nuera, ya que su único hijo falleció hace unos años, que se reunieron algunos vecinos de Las Cruces el sábado 10 de abril con el emisario de la empresa minera Adulam Mining Corp, acto en el que estuvo también el presidente del Concejo Municipal de Porongo, Joaquín Salazar.

Entonces, la pregunta a Jiménez fue inevitable: ¿Qué le informaron a usted sobre el tema de la explotación minera? “Mire, hace mucho tiempo que están con eso, pero que yo sepa no hay nada. Vinieron aquí a hablar, pero nunca se supo que tengan algo o estén por ahí”, aclara.

Rechaza ofertas y cuida el agua

La misma sensación de incertidumbre y de escasa información la tiene Elfy Cuéllar, que también ha heredado sus tierras en la zona y aunque ha recibido ofertas de empresas urbanizadoras, las ha rechazado todas. “No se sabe qué está pasando. No hay información, todos son rumores y está haciendo falta que nos reunamos todos para salir de dudas. No nos convocaron a ninguna reunión. Tenemos ganado, algunos cultivos, cuidamos el agua y no permitiremos que nos perjudiquen”, indica. Su propiedad se llama Las Piedritas y colinda con el río Moreno y desde allí es posible ver el enmallado olímpico en la otra orilla.

“La calidad del agua es excelente. Imagínese si hay trabajos así van a destruir la corriente del río. Peor si nos afectan la parte de la quebrada Las Piedritas. Es una agua super, super buena, desde mi niñez hemos utilizado el agua de esa quebrada, nadie se enfermaba, porque en la parte de arriba, donde nace esa quebrada no había ninguna clase de contaminación”, agrega.

“Lo de nosotros colinda con la urbanización de Techo, toda esa zona de la pampa ha sido vendida a Techo. Algunos lotes han quedado en la parte del río exactamente y no pueden poner plantas porque es puro arena”, destaca.   

Intrusos desconsiderados y cochinos

En el recorrido por los caminos vecinales, la tranquilidad se sobresalta por el paso raudo de vehículos recreacionales de dos y cuatro ruedas con música estridente. En los costados, envases de bebidas, barbijos, bolsas, y más envases de bebidas. Es sábado y siempre se espera lo peor del alboroto para el día domingo, aunque en los días laborales la amenaza cada vez menos silenciosa es de motosierras talando árboles, así como de maquinaria pesada moviendo tierra en las proximidades, o reparando los efectos de la erosión en los retazos de pavimento que serpentean las urbanizaciones fantasma, carentes de todo, menos de naturaleza.

La esperanza no se pierde

En síntesis, un bellísimo paraje, inmenso reservorio de agua cristalina, seriamente amenazado por el poderío económico de los nuevos dueños, que compran las propiedades ganaderas a plazos y luego tienen que ser perseguidos para que paguen porque las ventas de lotes se han venido abajo con la crisis.

Este entorno verde hora también está amenazado por aquellos que buscan minerales para revertir su penosa situación financiera a la vez que siguen engatusando a incautos, generalmente de otras localidades del país, con lotes inhabitables porque las autoridades que tendrían que velar por quienes invierten sus ahorros cuando son tentados con folletos que destacan imágenes de las partes bonitas, que en realidad han sido acomodadas para las fotos y videos promocionales, además de regalos, rifas y cómodas cuotas mensuales.

Ni siquiera conocen el lugar, los llevan en micros a toda velocidad, siempre calculando las distancias a minutos del único puente ya sobrecargado y de las promesas de los puentes que se estarían por construir, porque si hablan de kilómetros espantan a los compradores, dado que algunas de las urbanizaciones están a 30, 40 o incluso 70 kilómetros del cuarto anillo de la capital cruceña y son más próximas a la ciudad de Portachuelo.

Los promotores señalan muy apurados lo vendible, pero los potenciales compradores no reciben información sobre lo frágil del terreno frente a erosiones, el reducido nivel freático del suelo y otras condiciones de inestabilidad propias de zonas de recarga de acuíferos, que demandan obras civiles e hidráulicas onerosas, sin ninguna posibilidad de ser habitables en el corto o mediano plazo.

Tampoco existen escuelas, hospitales o transporte público por la sencilla razón de que no hay habitantes. Y siempre dicen que son los últimos lotes en oferta porque todos ya han sido comprados.

Mucho menos se menciona la ausencia de plantas de tratamiento de aguas servidas o proyectos de disposición de residuos sólidos. Los casos excepcionales tampoco ofrecen garantías de preservación del medioambiente porque no están dimensionadas para miles y miles de instalaciones.

En contrapartida, la oferta descarada de playas naturales está corroborada con el enmallado del río Moreno, aunque también es posible ver edificaciones en el borde del río La Miel. Tremendo atropello, una medida desesperada quizá, de los urbanizadores que tratan de vender lotes a como dé lugar. El río Cuchi también está bajo presión e incluso una urbanización está construyendo un dique para formar una laguna de recreación, en franca violación a la norma ambiental, incluido pavimento hasta el propio río y como es verificable desde los satélites de Google, no hay excusas para que las autoridades puedan decir que no lo sabían.

Diversos estudios habían anticipado como una de las principales amenazas los asentamientos humanos actuales y futuros no controlados en las cuencas y micro cuencas que causarían mayor daño al ecosistema. En lo social, también son visibles los efectos que provoca la venta de tierras, como la expulsión de contingentes humanos, principalmente jóvenes, a la ciudad capital en busca de oportunidades de trabajo.

De las autoridades, en general, muy poco para rescatar. Hace mucho tiempo que se pasaron al bando destructor y engañoso, aunque siempre hay la esperanza de que los nuevos elegidos para administrar alcaldías y la Gobernación estén a la altura del desafío; precautelar estos envidiables acuíferos, el verdadero tesoro de la zona noroeste en la región metropolitana de Santa Cruz, en un momento crucial de transición administrativa, donde los munícipes salientes están dando curso a urbanizaciones que se sobreponen a la servidumbre ecológica, a sabiendas de que es así. Sabrán también que los delitos medioambientales no prescriben y ojalá al menos sientan vergüenza y sepan explicar sus acciones al verse ahora descubiertos.

EN PRIMERA PERSONA

Conocí la comunidad Las Cruces a finales de los ’80. Invitado por mi colega de trabajo en el diario EL DEBER, Ángel Farell Jiménez, que me había hablado tanto y tan bonito de su pueblo, hasta que programamos un viaje en mi vehículo, una Cherokee Wagoneer supuestamente apta para la travesía por las Pampas del Cuyabo.

Las Colinas del Urubó resultó ser un nombre más comercial y en adelante toda esta zona adoptaría el denominativo de las primeras urbanizaciones cerradas, justo frente a la ciudad de Santa Cruz, proyecto de Mario Foianini, en lo que se conocía como Urubó Barranca y Urubó Los Batos. Lo demás es historia, porque resulta que se le llama Urubó al área que inicia en el municipio de Porongo y se extiende hasta Portachuelo. Luis Fernando Suárez, intrigado por el significado de la palabra Urubó, contó que hace muchos años le hizo la consulta al historiador Germán Coimbra Sanz y éste, autor del Diccionario Enciclopédico Cruceño, le dijo que no encontró referencias y que lo más probable es que sea una derivación de urubú, que es como se le llama en otras regiones del continente a las aves que son los suchas locales (Coragyps atratus) o buitres americanos. De ser sí, Urubó resultaría un denominativo menos glamuroso o elegante: “-¿Dónde vivís? – En la zona de las suchas -¿Por el matadero? -No, en la banda del río…”

Peripecias en el viaje. Sin un alma a kilómetros a la redonda

Pero mejor sigamos con lo nuestro. El primer escollo en el viaje era lograr cruzar el Piraí. El motor V8 y la doble tracción puestas a prueba y con algún susto, ya estábamos en la banda poniente. Tremendos arenales primero y luego greda resbalosa en pendientes y bajadas de vértigo. Todo era emoción, sin un alma alrededor. Una chambonada mía al encarar una acumulación de agua en la rudimentaria vía nos dejó varados un par de horas. Mucho esfuerzo costó sacar el pesado vehículo del charco, con greda en el fondo. Otras dos pendientes, subidas a duras penas en diagonal le pusieron más dramatismo al rodaje hasta que por fin ingresamos al poblado, donde la familia Farell-Jiménez nos esperaba con preocupación por la tardanza.

Un locro delicioso, chicha refrescante y la amabilidad característica del habitante del lugar. También estaba preparado el dormitorio y el descanso fue reparador.

EL PAÚRO

El corte de leña, obviamente simulado, junto al paúro generoso.

Como llegamos casi anocheciendo, me quedé con las ganas de conocer -por fin- un paúro. Tenía la referencia de la existencia de estos ojos de agua por canciones populares y leyendas tradicionales, pero nunca había visto uno. El de la familia Farell Jiménez está ubicado a corta distancia, pero ya de noche no se podía apreciar. Por eso fue lo primero que busqué al despertar.

Parece que fue ayer. Guardo el vivo recuerdo de la emoción al ver, sentir, saborear el agua brotando cristalina desde el suelo. Un generoso grifo abierto las 24 horas, todo el año. ¿Qué podría tener más valor que aquello? ¿Qué dinero podría comprar ese privilegio?

Después tuvimos tiempo de visitar a otros de sus allegados y le hice una entrevista al corregidor, nada menos que don Marcelino Jiménez, que posó sonriente en el ingreso de su casa, el mismo lugar donde lo encontramos más de 30 años después, con la misma sonrisa.

Una vista para la historia. En el lugar, ahora solo bardas y pavimento interminables
Paseo en el paisaje erosionado, sin alambrados ni cercos que lo impidan

En el retorno, ya más precavidos, los contratiempos del viaje fueron menores y hasta hubo tiempo para llegar a Terebinto, el famoso pueblo donde ocurrieron las tristemente célebres matanzas a fines de los años ‘50. De vuelta por las Pampas del Cuyabo pudimos detenernos y tomar fotografías en un valle erosionado, un paisaje lunar del que únicamente quedan recuerdos, en una zona ahora plagada de pavimento, basura, murallas interminables, y de residentes presumidos y encerrados, lamentablemente ajenos a la historia y el drama reciente de unas comunidades hospitalarias y querendonas que van despareciendo paulatinamente entre condominios ostentosos y urbanizaciones populares carentes de servicios. Los retornos siempre son nostálgicos, pero este último fue desgarrador. (OP)

6 thoughts on “Río Moreno enmallado como propiedad privada”

  1. Carlos S. Zandalio R. dice:

    Para frenar la codicia del hombre, que llevaría a la destrucción de la naturaleza incluido flora y fauna, formen cooperativas entre todos sin excepción, comenzar con el agua y de acuerdo a sus necesidades, lechería, frutas etc., no se puede avasallar estarían protegidos por el estado.

    1. Osman Patzi dice:

      Tiene toda la razón. El agua que está en riesgo es para las generaciones venideras. No se imagina usted la calidad que tiene el agua de estas vertientes y del río Moreno, especialmente en la zona de Portachuelo. Es un patrimonio natural de Bolivia.

  2. Carlos S. Zandalio R. dice:

    Que formen cooperativas, agua para si consumo propio, producción de leche, frutas, de acuerdo a sus necesidades, en estado protege a las cooperativas de los avasallamientos

    1. Osman Patzi dice:

      Es una muy buena idea. Los comunarios aprovechando la naturaleza de manera sostenible. También podrían incursionar en el ecoturismo. Un abrazo, Carlos.

  3. Me intrigo el nombre del río. (Río Moreno); y comencé a leer el reportaje, muy bien contado mi estimado Osman, si que da rabia ver como la voracidad del ser humano no respeta nada. Lo que plantea Carlos Zandalio es correcto además explotar el eco turismo con esos grifos naturales abiertos 24/7 fantásticos son los atractivos perfectos, solo la unión permitirá salvar la naturaleza.

    1. Osman Patzi dice:

      Querido Mario, gracias por tus palabras. Un abrazo hasta Ecuador.

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