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Buscando a Gladys. Episodio1

 
El primer episodio de esta historia es, realmente, una invitación para que usted nos ayude a reconstruirla.  

Su protagonista se constituye en pionera. El caso es emblemático en AméricaLatina. La antropóloga Pascale Absi, de la Universidad de París, y el historiador Hernán Pruden, de la Universidad Mayor de San Andrés, buscan información sobre ella para una investigación iniciada el año 2019. Se espera saber qué fue de su existencia, cómo ha vivido, cómo vive.  

SE QUIERE RECONSTRUIR LA HISTORIA COMO UN ACTO DE JUSTICIA.

Lo que se sabe es que esta persona nació en la ciudad de Oruro en 1942. En su partida de nacimiento fue registrada como Antonio Fernández Soliz y durante su niñez, adolescencia y juventud luchó y sufrió solitariamente en plena época de la Revolución Nacional. Un periodo de grandes transformaciones en el país, aunque paradójicamente las mentes se resistían a aceptar, ni siquiera reflexionar, sobre la transformación de género o la diversidad sexual. 

En ese contexto nació GLADYS YOLANDA, tras la operación pionera, experimental, a la que fue sometida en la ciudad de Cochabamba en 1964.  Médicos y juristas inducían a «enderezar» comportamientos mediante electrochoques, coma insulínico y, en general, obligando a vivir como manda el sexo del certificado de nacimiento.
GLADYS YOLANDA es una sobreviviente de todo aquello. Residió en Oruro, Cochabamba. Santa Cruz y Sucre, pero se le perdió el rastro.  NI SIQUIERA SE SABE SI ESTÁ CON VIDA.  

De ello trata este primer episodio. De lo poco y a la vez trascendental que se sabe de una etapa inicial de su vida. La incesante búsqueda de testimonios de allegados y familiares intenta saber, aprender y compartir la experiencia de vida de una persona que luchó por sus derechos y marcó un rumbo.   

 
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El Peabirú chiquitano

Transitar el Peabirú chiquitano es una experiencia memorable.

Un encuentro con la naturaleza, la historia y la devoción.

Un recorrido de 26 kilómetros por sendas que probablemente fueron usadas por aborígenes desde tiempos remotos, antes de la llegada de los europeos, para unir el océano Atlántico con el Pacífico.

La búsqueda permanente de la Tierra sin Mal.

Una peregrinación de los devotos de Santiago Apóstol que comienza en la parroquia San Antonio, en Roboré, antes del amanecer del sábado 23 de julio, con una misa y bendición del párroco y arriba a Santiago de Chiquitos pasado el mediodía, donde se recibe a los caminantes en medio de algarabía popular con chicha fresca y se les entrega un collar distintivo.

Hermosa oportunidad para revalorizar el patrimonio natural, las nacientes de los ríos en la reserva Tucabaca, las pinturas rupestres, la riqueza cultural y el encanto de la Chiquitania.

En la versión 2022 participaron unas 150 personas de distintas edades, sexo y procedencia.

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Eso de afilar las garras en el teclado

Osman Patzi Sanjinés

Alfredo Rodríguez Peña con una lectora en la 23° Feria Internacional del Libro de Santa Cruz

Hay un desequilibrio normalizado cuando se relaciona a las mascotas más comunes; se suele decir que los perros adoptan la personalidad de sus amos y que los humanos intentan o llegan a convertirse en el reflejo de sus gatos, claro, tan sofisticados ellos. Esta supremacía, seguramente rebatible, está reforzada con el evidente apasionamiento que provocaron los felinos en escritores tan dispares como Cortázar, Capote o Hemingway y sospecho que el buen amigo y colega Alfredo Rodríguez Peña, sensible como es,  ha caído irremediablemente en un embrujo gatuno o algo parecido.

Su picaresca y agudeza para percibir los devaneos de una sociedad como la nuestra se manifiestan con un estilo elegante, divertido y mordaz logrado a punta de práctica y enseñanza porque son incontables y exitosos sus talleres de redacción en todo el país, y dado que la mejor manera de aprender es enseñando y haciendo, así en gerundio. Alfredo afila las garras en las teclas con la naturalidad de los gatos para este ritual cotidiano y consigue cuentos de fácil lectura y difícil olvido.

En los Cuentos felinos II, encontramos un decálogo que combina magistralmente la sabiduría popular, el conocimiento de la idiosincrasia y la geografía nacional, con profundas reflexiones sobre la realidad y el acontecer doméstico vistos con esa mirada felina, capaz de descubrir hasta lo que se pretende disimular o esconder en la oscuridad de los gabinetes de los burócratas o detrás de las apariencias y el perfil inventado para las redes sociales.

Son diez cuentos matizados con una fina ironía, pero fundamentalmente son cuentos de amor. Amor a las nuevas generaciones, a las que dedica los mensajes en el desenlace. Historias que están magistralmente ilustradas por Aneliz Siles, su cómplice en el encanto que provocan las páginas bien diseñadas en el formato cuadrado al que ya nos acostumbró.

Los guiños salen audaces para quienes los puedan descifrar, como cuando señala: “Su naturaleza lo impulsaba por todos lados a conquistar alguna copa, aunque sea vegetal..” o cuando agrega “Claro, también se apostaron decenas de carritos de comida de todo tipo…”

Son recurrentes las referencias a la historia universal; “…un gran salto para la felinidad…” y la sensación de leer a un autor muy bien informado de la coyuntura boliviana, dada su condición del buen periodista que es en “…afro por elección…” y su gran conocimiento del folclore nacional y sus talentos al rendir sentido tributo al inmortal Nilo Soruco.

Lecciones para la sobrevivencia colocadas en el maullar de sabios gatos que recomiendan “Es importante que en la vida haya por lo menos dos salidas, la de emergencia y también la definitiva”, o que “Siempre hay algo por lo cual debemos ser agradecidos”.

Honesto como es, Alfredo Rodríguez también devela, por intermedio de los elegantes cuadrúpedos sus preferencias (o fundamentados aborrecimientos) musicales personales; “…el suplicio de escuchar componer a Rimando Rajona…”, actualizado con la selfie del felino mayor, rey de la selva amazónica que se achica, como testimonio de su anticipada extinción.

Reflexiones felinas como zarpazos para humanos entrados en años y atormentados, impulsándolos a “romper sus barreras mentales, hasta que alguien más le diga lo que él ya intuían”, o la infalible receta de «…la regla de las tres P: Perdonar, pensar bonito y proseguir…”. El autor persiste como “El más acaudalado Barón del queso…” y coloca sutilmente en las páginas finales, cual movimiento gatuno, un cuento enamorado desde la plazuela Calleja que espontáneamente uno termina cantando; “a vos que te maúllan y te cantan”… “Gata, cunumi e ingrata,/ te dejo todos mis sueños;/ me voy esta noche lejos,/ donde te pueda olvidar…” y tarará y tarará, a sabiendas de que esta obra, la séptima de Alfredo, es inolvidable y si las vidas de un gato son siete, es nomás una casualidad porque ya debe estar rondando en su cabeza la continuación de la saga.

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¿Por qué salvar el río Moreno?

(Instagram) Vean a Tony Nazario, cómo lo describe:

https://www.instagram.com/p/CNq7wa3J-UU/?utm_source=ig_web_copy_link

(Instagram) Véanlo en su esplendor:

https://www.instagram.com/p/CNq8Oshp_pU/?utm_source=ig_web_copy_link

Dicen que únicamente se cuida aquello que se conoce. El río Moreno es, en general, poco conocido porque está escondido en la zona de recarga de acuíferos del área metropolitana de Santa Cruz, al noroeste, y se puede (y debe) salvar porque todavía es posible.

De acuerdo al concejal recién electo de Portachuelo, Tony Nazario, existe una leyenda no desmentida sobre el origen de su nombre, que es casi un mito: “Un señor de apellido Moreno, se internó en él y las arenas movedizas lo devoraron. Desapareció, nunca más se supo de su existencia”.

Vertientes generosas en las estribaciones del Parque Amboró en el municipio de Porongo lo alimentan y el agua corre plácida y cristalina serpenteando la zona hasta encontrarse con el río Guendá, en el municipio de Portachuelo, en la cuenca amazónica. Sus playas inmensas y blancas delatan su fuerza en época de lluvias.

Su agua es tan pura y dulce que los pobladores de las comunidades aledañas la consumen sin ningún tipo de tratamiento. Yo mismo la consumí hace unos días, sin ningún efecto dañino.

Los bolsones acuíferos en las inmediaciones son fabulosos, un patrimonio que les pertenece a las generaciones venideras, y hoy pende una seria amenaza por proyectos urbanísticos y de minería.

Comparto estas imágenes para que ayuden a generar conciencia.  #SOSrioMoreno 

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Río Moreno enmallado como propiedad privada

-Han colocado malla olímpica con alambre de púas, con cimientos y postes de concreto en pleno río Moreno, sin dejar siquiera espacio para la playa en el municipio de Porongo.

-En el municipio de Portachuelo, los munícipes salientes, aprueban una urbanización de 777 hectáreas que invade una zona protegida en la normativa ambiental a sabiendas de que es así.

-Vecinos de Las Cruces rechazan la explotación minera porque consideran que atenta contra sus magníficos acuíferos y siguen esperando que les construyan la carretera que los conecte con Urubó.

-La ausencia de control municipal se nota en la acumulación de basura en los ríos, la invasión en áreas protegidas y el desvío de cursos de agua.

El río Moreno, en el municipio de Porongo

Por Mercedes Fernández y Osman Patzi

Algunos de los vecinos de Rubén Darío Ruiz, que también tienen colindancia con el río Moreno, no hace mucho vendieron sus propiedades a los urbanizadores en el municipio de Porongo.  Picados por la curiosidad, este equipo periodístico fue a verificar qué tanto habían avanzado en los encerramientos. Así se comprobó que han colocado cimientos de concreto para asegurar la malla olímpica, postes, y un remate con alambre de púas en la parte superior, en la orilla del río. No a 1.000, ni 300, ni 100, o 50, ni 20 metros. A cero metros. Ni siquiera han dejado playa. La instalación es relativamente nueva, se estima de unos tres meses, y es una afrenta grotesca a la norma ambiental, al sentido común y al paisaje. ¿Qué autoridad permitió semejante abuso? ¿Se tolerará?

Javier Oropeza, cuya familia materna y paterna está asentada por generaciones en la zona, acompañó la travesía y estaba recolectando basura al paso. “Es lamentable ver todas estas cosas, que contaminen nuestros ríos. Algo hay que hacer, no podemos estar mirando sin decir nada. Es una barbaridad, el enmallado está dentro del río”, sostiene indignado.

Cuando en la primera entrega de este reporte periodístico se denunció que los alambrados en el municipio de Portachuelo estaban muy próximos al río Moreno, menos de cien metros, había indignación, pero esta última verificación, en el municipio de Porongo, ya resultó inaudita. Con razón se ofrecen lotes, ya no con playas artificiales o lagunas improvisadas. ¡La oferta es playas naturales porque ya las tienen encerradas!

Una semana después de dicha publicación se sabe que el ruido de las motosierras en la banda opuesta anticipaba lo inminente: concejales municipales salientes aprobando con apuro indisimulado una urbanización de 777 hectáreas, denominada Quintas del Urubó I, porque están en carpeta las extensiones II y III, pese a que está sobrepuesta al área de servidumbre ecológica según el informe técnico, ¡pero se sugiere la aprobación de todas maneras! La sesión en la que se leerá el informe y la sugerencia arbitraria será el jueves 22 de abril en el Concejo Municipal de Portachuelo.

El tesoro de Las Cruces es inmenso, líquido y cristalino

Rubén Darío Ruiz vive en Las Cruces, en el municipio de Porongo, y proclama con orgullo indisimulado el tesoro que tiene bajo sus pies: inmensos bolsones de agua dulce de altísima calidad y no se imagina cambiando esa riqueza con minerales o las migajas que entregarían a cambio los explotadores mineros.  “Se han hecho estudios cuando se perforaron pozos y el resultado es asombroso. Los reservorios son inmensos. Agua purísima, casi a nivel del suelo”, señala.

Ruiz está enterado de los rumores que corren en la comunidad sobre las tratativas de los representantes de una empresa minera con pobladores de la zona para que la explotación de minerales vaya a una consulta previa, aunque de entrada se muestra bastante escéptico. “No creo que la gente se deje convencer. Los que vivimos aquí valoramos el agua porque dependemos de ella. Tenemos que pararnos, no podemos permitir eso”, remarca y aclara que su propiedad colinda con las urbanizaciones de las empresas Techo y Faros del Urubó.

Sin embargo, reconoce que existen nuevos propietarios de grandes extensiones de tierra a los que poco podría importarles la suerte de las comunidades como Las Cruces y aledañas, a saber: El Magué, Pozo Colorado, Sombrerito, Agua Dulce, Villa Guadalupe, Maguecito, Chaco Güembé, El Hongo, Guendá Espejo, Guendá Tacuara, Guendá Patriota, La Perdiz, Lomas del Cuchi, Luquillas, Nueva Palestina, San Jacinto, San Pedro, San Simón, Terebinto, Cooperativa El Dorado y otras. Sea porque tienen sus propios intereses o porque una sola empresa estaría acaparando las antiguas quintas y ranchos de pastoreo para cambiar el uso de suelo y urbanizar o explotar minerales.

Una carretera que todavía no llega

Herman Cuéllar (73) nació, creció y vive en Las Cruces. Lamenta que en poco tiempo haya habido tantos cambios, pero el más necesario, un camino estable que conecte la comunidad con la carretera Urubó – Porongo todavía es un sueño, aunque tampoco lo cambiaría por perder el agua pura. “Las urbanizaciones nos están rodeando. El montecito que teníamos casi no hay y dicen que los mineros hasta han ofrecido hacer ellos la carretera. Yo prefiero seguir bregando, sin carretera, no estoy de acuerdo con que vengan a contaminar todo. Yo ya estoy viejo, pero tengo hijos y nietos, hay que pensar en ellos”, reflexiona.

Recuerda con nostalgia la época en la que todos se conocían y llamaban Alcornocal a esta zona. También cómo los engatusaron poco antes de la construcción (1997-1999) del puente Mario Foianini para que vendan sus parcelas a precios ínfimos. Dos años después, con el dinero de la venta de más de 60 hectáreas, apenas le alcanzaría para un terrenito donde hoy tiene su vivienda, en la ruta Las Cruces-Terebinto.

El vecino más antiguo de Las Cruces

El que se considera vecino más antiguo de Las Cruces, “el único que sobrevive”, según sus palabras, es Marcelino Jiménez Pérez (86). Su casa es referente, en diagonal al templo católico, separados por la plaza y a la vez campo deportivo del pueblo. Lúcido y saludable, reitera una y otra vez que él y su amigo Hugo Oropeza (+) eran los propietarios de todo el pueblo y que ambos regalaron las tierras a los habitantes de la zona. “No hemos recibido ni un peso. Gratis. Se las dimos para que las trabajen y vivan. Ahora ya las vendieron o quedan los hijos de las personas a las que se los entregamos, pero así fue. Con Hugo las repartimos”, apunta.

Fue en la cabaña de su nuera, ya que su único hijo falleció hace unos años, que se reunieron algunos vecinos de Las Cruces el sábado 10 de abril con el emisario de la empresa minera Adulam Mining Corp, acto en el que estuvo también el presidente del Concejo Municipal de Porongo, Joaquín Salazar.

Entonces, la pregunta a Jiménez fue inevitable: ¿Qué le informaron a usted sobre el tema de la explotación minera? “Mire, hace mucho tiempo que están con eso, pero que yo sepa no hay nada. Vinieron aquí a hablar, pero nunca se supo que tengan algo o estén por ahí”, aclara.

Rechaza ofertas y cuida el agua

La misma sensación de incertidumbre y de escasa información la tiene Elfy Cuéllar, que también ha heredado sus tierras en la zona y aunque ha recibido ofertas de empresas urbanizadoras, las ha rechazado todas. “No se sabe qué está pasando. No hay información, todos son rumores y está haciendo falta que nos reunamos todos para salir de dudas. No nos convocaron a ninguna reunión. Tenemos ganado, algunos cultivos, cuidamos el agua y no permitiremos que nos perjudiquen”, indica. Su propiedad se llama Las Piedritas y colinda con el río Moreno y desde allí es posible ver el enmallado olímpico en la otra orilla.

“La calidad del agua es excelente. Imagínese si hay trabajos así van a destruir la corriente del río. Peor si nos afectan la parte de la quebrada Las Piedritas. Es una agua super, super buena, desde mi niñez hemos utilizado el agua de esa quebrada, nadie se enfermaba, porque en la parte de arriba, donde nace esa quebrada no había ninguna clase de contaminación”, agrega.

“Lo de nosotros colinda con la urbanización de Techo, toda esa zona de la pampa ha sido vendida a Techo. Algunos lotes han quedado en la parte del río exactamente y no pueden poner plantas porque es puro arena”, destaca.   

Intrusos desconsiderados y cochinos

En el recorrido por los caminos vecinales, la tranquilidad se sobresalta por el paso raudo de vehículos recreacionales de dos y cuatro ruedas con música estridente. En los costados, envases de bebidas, barbijos, bolsas, y más envases de bebidas. Es sábado y siempre se espera lo peor del alboroto para el día domingo, aunque en los días laborales la amenaza cada vez menos silenciosa es de motosierras talando árboles, así como de maquinaria pesada moviendo tierra en las proximidades, o reparando los efectos de la erosión en los retazos de pavimento que serpentean las urbanizaciones fantasma, carentes de todo, menos de naturaleza.

La esperanza no se pierde

En síntesis, un bellísimo paraje, inmenso reservorio de agua cristalina, seriamente amenazado por el poderío económico de los nuevos dueños, que compran las propiedades ganaderas a plazos y luego tienen que ser perseguidos para que paguen porque las ventas de lotes se han venido abajo con la crisis.

Este entorno verde hora también está amenazado por aquellos que buscan minerales para revertir su penosa situación financiera a la vez que siguen engatusando a incautos, generalmente de otras localidades del país, con lotes inhabitables porque las autoridades que tendrían que velar por quienes invierten sus ahorros cuando son tentados con folletos que destacan imágenes de las partes bonitas, que en realidad han sido acomodadas para las fotos y videos promocionales, además de regalos, rifas y cómodas cuotas mensuales.

Ni siquiera conocen el lugar, los llevan en micros a toda velocidad, siempre calculando las distancias a minutos del único puente ya sobrecargado y de las promesas de los puentes que se estarían por construir, porque si hablan de kilómetros espantan a los compradores, dado que algunas de las urbanizaciones están a 30, 40 o incluso 70 kilómetros del cuarto anillo de la capital cruceña y son más próximas a la ciudad de Portachuelo.

Los promotores señalan muy apurados lo vendible, pero los potenciales compradores no reciben información sobre lo frágil del terreno frente a erosiones, el reducido nivel freático del suelo y otras condiciones de inestabilidad propias de zonas de recarga de acuíferos, que demandan obras civiles e hidráulicas onerosas, sin ninguna posibilidad de ser habitables en el corto o mediano plazo.

Tampoco existen escuelas, hospitales o transporte público por la sencilla razón de que no hay habitantes. Y siempre dicen que son los últimos lotes en oferta porque todos ya han sido comprados.

Mucho menos se menciona la ausencia de plantas de tratamiento de aguas servidas o proyectos de disposición de residuos sólidos. Los casos excepcionales tampoco ofrecen garantías de preservación del medioambiente porque no están dimensionadas para miles y miles de instalaciones.

En contrapartida, la oferta descarada de playas naturales está corroborada con el enmallado del río Moreno, aunque también es posible ver edificaciones en el borde del río La Miel. Tremendo atropello, una medida desesperada quizá, de los urbanizadores que tratan de vender lotes a como dé lugar. El río Cuchi también está bajo presión e incluso una urbanización está construyendo un dique para formar una laguna de recreación, en franca violación a la norma ambiental, incluido pavimento hasta el propio río y como es verificable desde los satélites de Google, no hay excusas para que las autoridades puedan decir que no lo sabían.

Diversos estudios habían anticipado como una de las principales amenazas los asentamientos humanos actuales y futuros no controlados en las cuencas y micro cuencas que causarían mayor daño al ecosistema. En lo social, también son visibles los efectos que provoca la venta de tierras, como la expulsión de contingentes humanos, principalmente jóvenes, a la ciudad capital en busca de oportunidades de trabajo.

De las autoridades, en general, muy poco para rescatar. Hace mucho tiempo que se pasaron al bando destructor y engañoso, aunque siempre hay la esperanza de que los nuevos elegidos para administrar alcaldías y la Gobernación estén a la altura del desafío; precautelar estos envidiables acuíferos, el verdadero tesoro de la zona noroeste en la región metropolitana de Santa Cruz, en un momento crucial de transición administrativa, donde los munícipes salientes están dando curso a urbanizaciones que se sobreponen a la servidumbre ecológica, a sabiendas de que es así. Sabrán también que los delitos medioambientales no prescriben y ojalá al menos sientan vergüenza y sepan explicar sus acciones al verse ahora descubiertos.

EN PRIMERA PERSONA

Conocí la comunidad Las Cruces a finales de los ’80. Invitado por mi colega de trabajo en el diario EL DEBER, Ángel Farell Jiménez, que me había hablado tanto y tan bonito de su pueblo, hasta que programamos un viaje en mi vehículo, una Cherokee Wagoneer supuestamente apta para la travesía por las Pampas del Cuyabo.

Las Colinas del Urubó resultó ser un nombre más comercial y en adelante toda esta zona adoptaría el denominativo de las primeras urbanizaciones cerradas, justo frente a la ciudad de Santa Cruz, proyecto de Mario Foianini, en lo que se conocía como Urubó Barranca y Urubó Los Batos. Lo demás es historia, porque resulta que se le llama Urubó al área que inicia en el municipio de Porongo y se extiende hasta Portachuelo. Luis Fernando Suárez, intrigado por el significado de la palabra Urubó, contó que hace muchos años le hizo la consulta al historiador Germán Coimbra Sanz y éste, autor del Diccionario Enciclopédico Cruceño, le dijo que no encontró referencias y que lo más probable es que sea una derivación de urubú, que es como se le llama en otras regiones del continente a las aves que son los suchas locales (Coragyps atratus) o buitres americanos. De ser sí, Urubó resultaría un denominativo menos glamuroso o elegante: “-¿Dónde vivís? – En la zona de las suchas -¿Por el matadero? -No, en la banda del río…”

Peripecias en el viaje. Sin un alma a kilómetros a la redonda

Pero mejor sigamos con lo nuestro. El primer escollo en el viaje era lograr cruzar el Piraí. El motor V8 y la doble tracción puestas a prueba y con algún susto, ya estábamos en la banda poniente. Tremendos arenales primero y luego greda resbalosa en pendientes y bajadas de vértigo. Todo era emoción, sin un alma alrededor. Una chambonada mía al encarar una acumulación de agua en la rudimentaria vía nos dejó varados un par de horas. Mucho esfuerzo costó sacar el pesado vehículo del charco, con greda en el fondo. Otras dos pendientes, subidas a duras penas en diagonal le pusieron más dramatismo al rodaje hasta que por fin ingresamos al poblado, donde la familia Farell-Jiménez nos esperaba con preocupación por la tardanza.

Un locro delicioso, chicha refrescante y la amabilidad característica del habitante del lugar. También estaba preparado el dormitorio y el descanso fue reparador.

EL PAÚRO

El corte de leña, obviamente simulado, junto al paúro generoso.

Como llegamos casi anocheciendo, me quedé con las ganas de conocer -por fin- un paúro. Tenía la referencia de la existencia de estos ojos de agua por canciones populares y leyendas tradicionales, pero nunca había visto uno. El de la familia Farell Jiménez está ubicado a corta distancia, pero ya de noche no se podía apreciar. Por eso fue lo primero que busqué al despertar.

Parece que fue ayer. Guardo el vivo recuerdo de la emoción al ver, sentir, saborear el agua brotando cristalina desde el suelo. Un generoso grifo abierto las 24 horas, todo el año. ¿Qué podría tener más valor que aquello? ¿Qué dinero podría comprar ese privilegio?

Después tuvimos tiempo de visitar a otros de sus allegados y le hice una entrevista al corregidor, nada menos que don Marcelino Jiménez, que posó sonriente en el ingreso de su casa, el mismo lugar donde lo encontramos más de 30 años después, con la misma sonrisa.

Una vista para la historia. En el lugar, ahora solo bardas y pavimento interminables
Paseo en el paisaje erosionado, sin alambrados ni cercos que lo impidan

En el retorno, ya más precavidos, los contratiempos del viaje fueron menores y hasta hubo tiempo para llegar a Terebinto, el famoso pueblo donde ocurrieron las tristemente célebres matanzas a fines de los años ‘50. De vuelta por las Pampas del Cuyabo pudimos detenernos y tomar fotografías en un valle erosionado, un paisaje lunar del que únicamente quedan recuerdos, en una zona ahora plagada de pavimento, basura, murallas interminables, y de residentes presumidos y encerrados, lamentablemente ajenos a la historia y el drama reciente de unas comunidades hospitalarias y querendonas que van despareciendo paulatinamente entre condominios ostentosos y urbanizaciones populares carentes de servicios. Los retornos siempre son nostálgicos, pero este último fue desgarrador. (OP)

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Río Moreno amenazado por urbanizaciones y minería

Por Mercedes Fernández y Osman Patzi

El ofrecimiento de cinco hectáreas para un campo deportivo en la comunidad Las Cruces por parte de una empresa interesada en explotar minerales a cielo abierto en el municipio de Porongo, en la naciente del río Moreno, dejó más preocupados a vecinos que fueron convocados a una reunión informativa muy informal el pasado sábado 10 de abril. El delegado de la empresa Adulam Mining Corp. se presentó como un asesor legal (ver video) y no pudo responder las preguntas de los comunitarios en un encuentro al que también asistió el presidente del Concejo Municipal de Porongo, Joaquín Salazar.

La aprobación irregular de urbanizaciones que abarcan grandes extensiones en la zona ha sido permanentemente cuestionada por autoridades y activistas medioambientales debido a la falta de transparencia y el recelo es justificado ahora que se anuncian actividades mineras.  

Una ley departamental promulgada el 10 de marzo de 2020 creó la reserva Gúendá-Urubó, en las nacientes del río Gúendá, que recibe agua del río Moreno y luego forman otro caudal con el río Piraí hacia el norte.

La intención de la convocatoria a la comunidad de Las Cruces era que acepte las operaciones de la empresa que tendría una preadjudicación de la Autoridad Jurisdiccional Minera (AJAM). No se levantó un acta del encuentro y debido a que el representante de la empresa fue evasivo y señaló que no disponía de la información técnica requerida, se comprometió a brindar detalles cuando sea convocado por las autoridades municipales.

El encuentro tuvo lugar en un salón abierto ubicado en una de las esquinas de la plaza de Las Cruces donde se reunieron unas treinta personas y el emisario llegó al lugar en un vehículo sin ningún distintivo de la empresa.

Los asistentes insistieron en conocer qué tipo de minerales se iban a explotar, así como las condiciones, el lugar preciso, la extensión y los elementos químicos que pensaban utilizar en sus operaciones, haciendo conocer su preocupación por la contaminación de acuíferos subterráneos y particularmente del río Moreno.

El asesor de la empresa se limitó a señalar que se trata de aproximadamente 20 a 25 cuadrículas, (una cuadrícula equivale a 25 hectáreas) es decir, una superficie de entre 500 y 625 hectáreas, y que su presencia en ese encuentro -cuya convocatoria se atribuye a la empresa- era parte de los procedimientos que anteceden a la consulta previa estipulada por ley.

El presidente de la OTB de Las Cruces, René Calle, dijo que se necesita otra reunión con la presencia de los delegados de todas las comunidades y con los propietarios de los predios. La frustración se hizo evidente y los asistentes exigieron que los encuentros próximos, sin fecha definida, estén presentes los técnicos de la empresa para que puedan responder las dudas, además tengan convocatorias públicas y sean abiertas para todos.

La preocupación río abajo

El efecto de cualquier actividad minera abarca una extensión mayor a la delimitada por las concesiones, en este caso siguiendo el curso del río Moreno en otras jurisdicciones municipales. El equipo de prensa que realiza este trabajo visitó la confluencia del río Moreno con el Gúendá acompañados por el concejal electo de Portachuelo, Tony Nazario, quien señaló que este río, en su curso hacia el norte, es un afluente del río Güendá.  “Esta hermosura va a desaparecer, el agua de muchas comunidades está en peligro”, afirma Nazario.

 Esta hermosura va a desaparecer, el agua de muchas comunidades está en peligro

Tony Nazario

La preocupación es compartida por la concejal saliente de Portachuelo, Milixa Antelo, que lamentó el modo en que se aprueban las urbanizaciones de más de 10.000 lotes en la orilla del río. “No me opongo al desarrollo, pero debe hacerse respetando la norma y protegiendo la naturaleza”.

No me opongo al desarrollo, pero debe hacerse respetando la norma y protegiendo la naturaleza

Milixa Antelo

La experta ambiental Sandra Quiroga indicó que este tipo de operaciones mineras tiene efectos muy graves especialmente en los acuíferos y mencionó como ejemplo el desastre en otras zonas del país, como en Potosí, tanto por la contaminación como por el volumen de agua que se emplea en la separación de los minerales.

Gabriel Algarañaz, comunario de La Cancha, en Portachuelo, sostuvo que muchos habitantes de la zona y de municipios aledaños se dejan influenciar por dádivas de empresarios, por eso buscan concienciar a los vecinos sobre los daños. “Están convenciendo a la gente con regalos baratos, los están engañando, vamos a ser azotados por la contaminación”, advirtió.

Están convenciendo a la gente con regalos baratos, los están engañando, vamos a ser azotados por la contaminación

Gabriel Algarañaz

#SOSRioMoreno   #SacandoElBarniz  #Medioambiente #SantaCruz #Bolivia

La noticia en Erbol

https://erbol.com.bo/nacional/el-r%C3%ADo-moreno-es-amenazado-por-urbanizaciones-y-ahora-tambi%C3%A9n-por-la-miner%C3%ADa

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Entre Don Pito y El Peine, retorciendo el discurso oficial

Periodismo de humor político en Bolivia:

Entre Don Pito y El Peine, retorciendo el discurso oficial

 

Osman Patzi Sanjinés[1]

 

 

Introducción

En la numerosa prole del feliz romance entre la periodista y el payaso, el género es casual, uno de los hijos, el ovejo oscuro, el más parecido al papá, se llama periodismo de humor.

El chico tiene varios apodos y a él mismo le encanta ponérselos a sus prójimos. En el barrio universitario, donde se instaló no hace mucho con su familia, no es muy bien visto. Sus vecinos académicos lo han mirado siempre por encima del hombro.

Víctima fácil del acoso, el tal periodismo de humor suele manifestarse tímidamente en publicaciones formales o en publicaciones generalmente efímeras, siempre para vergüenza de sus parientes.

Solitaria es su vida, por mucho que intente alegrarla con sus chistes, porque la parentela no consigue ni desea entenderlo, y permanentemente lo llama a la reflexión para que recapacite y opte por seguir a sus hermanos en el periodismo serio o que ingrese abiertamente al ámbito de sus primos cercanos, en el entretenimiento, con disfraz y todo, donde incluso podrá aspirar a mejores perspectivas, sobre todo en la televisión.

Es terco porque tampoco quiere ser considerado humorista. Es obstinado y tiene una fijación enfermiza en contra de los poderosos, tengan el color que sea, incluso peor si llegan a ser sus allegados o parientes, pero golpeando donde más duele, con la burla. No hace chistes para que la gente ría, los hace para que la gente piense, se incomode y sonría con complejo de culpa. Tal es el espécimen del cual vamos a hablar apenas lo necesario, para no abusar de la tolerancia de los académicos aquí reunidos.

 

Como contrapoder 

En su libro Política para bufones (2012) Pedro González Calero, señala que la sátira política acompañó siempre al poder, “así que nada mejor que recorrer su historia a través de las burlas de aquéllos que con ingenio trataron de dejar a los déspotas en evidencia”.

Es fácil reírse de los políticos a los que se encumbra tan fácilmente y tanto cuesta bajarlos, porque abusan de su poder, y de los empresarios a los que se les engorda la billetera, y de los artistas y deportistas a los que se convierte en ídolos.

En el periodismo se usa la sátira como una forma de control social, como contrapoder. Se dice que se ríe a costa de ellos, porque ellos se ríen de los demás todo el tiempo, por lo tanto, es una expresión popular que canaliza el descontento. A Carlos Marx se le atribuye haber dicho que la historia se repite, primero como tragedia y luego como parodia. Porque después de una lucha violenta y tras el reacomodo de las fuerzas, los cambios se diluyen y el accionar de los nuevos poderosos es un remedo grotesco de lo que se hacía antes. Y no les causa gracia quedar en evidencia.

A los detractores de esta supuesta especialidad (el humor) les parece que esto no es periodismo, porque pasa por alto las que, se supone, son normas básicas del oficio. Y puede que tengan razón.

No se contrasta fuentes, se atenta contra la imagen, se exagera, se distorsiona, se fragmenta, se manipula, se omite con burla y se refuerzan estereotipos. En síntesis, se caricaturiza hechos y personas con alevosía y de manera impune. También se dice que no debería tener límites y cuanto más arbitrario mejor.

Empero, se puede lograr cambios a partir de la crítica social. No es sólo el chiste. Tiene que haber mensaje. El periodismo de humor es un factor de cohesión social que ratifica percepciones, porque cuando se miran caricaturas y viñetas en los diarios no se está mirando sólo dibujitos. Cada trazo esconde un poderoso mensaje. Leyendo entre líneas a los periodistas de humor, se puede entender fenómenos que de otro modo nos resultarían incomprensibles.  “Es la contraparte del efecto triunfal del discurso hegemónico”, dice María Ximena Ávila (2003) docente de la universidad Nacional de Córdoba.

La utilización sistemática de la paradoja, como recurso crítico, es una especialidad del fotomontajista Josep Renau (1977). O como se suele decir en el medio: lo bueno que tienen estos conflictos políticos es lo malo que se están poniendo”.

Teun van Dijk (1999), recuerda que:

el proceso de producción ideológica no es unilateral. No sólo se dirige del poderoso al público en general a través de los medios, ya que la elaboración de consentimiento puede también implicar una orquestación de disconformidad que refleja la estructura de poder. Las condiciones socioeconómicas también contribuyen a los contenidos y a las formas de opinión pública y dentro de unos márgenes flexibles, pero controlados, de protesta y resistencia los medios de comunicación, llevan el feedback hasta la estructura de poder.

 

Comparto con ustedes una frase del caricaturista del diario ecuatoriano El Universo, Xavier Bonilla, perseguido y procesado por el gobierno de Rafael Correa, hablando sobre el humor en el periodismo: “El humorista no tiene enemigos. Pero los enemigos siempre tienen un humorista. No entre sus filas, sino que tienen un humorista que les sale al paso al convertir, como un Midas al revés, en hojalata todo el oro que pronuncian”.

 

Sin embargo, existe una condición primordial para el humor. Y es que no es apto para los no inteligentes. Un instrumento fuertemente utilizado por el humor es la ironía. La desventaja de su tangente eufemística es el requisito de la inteligencia. Sólo el receptor inteligente puede procesar las significaciones que se desprenden de su ausencia y su presencia. La ironía es fundamentalmente cultural y esta clausura hace difícil su exportación.

La definición, desde el punto de vista de la semiótica, es clara: El humor no es un género autónomo. Se trata de un sesgo ideológico que toman las historias, una retórica específica. El mecanismo simbólico de su engranaje se inaugura en la transgresión, un romper las convenciones, pero esta ruptura no activa reacciones violentas o desagradables. Su táctica es, justamente, la empatía. De otro modo, el efecto deseado (la risa y la sonrisa) se anula y ya no es posible el goce.

El equívoco y el doble sentido son sus vehículos, los cuales emergen de procesos erráticos de la comunicación, de significaciones ajenas que tratan de ser compartidas.

El humor encuentra su materia prima en lo cotidiano. En ese espacio temporal es posible rescatar situaciones erróneas y hurgar sus signos. José Luis Martínez Albertos (1974) sostiene que el campo del humor en el periodismo, se extiende desde el costumbrismo a la política, y los encuadra entre los géneros interpretativos.

 

La vocación periodística por el humorismo político

Entre las múltiples respuestas sobre cómo nacen las vocaciones por este género periodístico en particular, encuentro bastante aceptable la teoría del biólogo Edward Osborne Wilson (1980), denominada sociobiología.

Según este biólogo, las humanidades y las ciencias sociales pasarán a ser ramas especializadas de la biología. O sea, los futuros periodistas en este momento están en laboratorios, literalmente.

Explica Wilson que las especies, incluida la humana, nacen determinadas genéticamente para cumplir determinados roles. Puso como ejemplo, en su texto Las sociedades de insectos, que una sola hormiga reina daba a luz a un millón de crías de una asombrosa variedad de tamaños, cada una de las cuales estaba destinada a cumplir una función específica. Las obreras salían a buscar comida. Las hormigas soldado formaban un ejército de merodeadoras, como los hunos y tártaros, y atacaban a otras colonias de hormigas. Se comían los cadáveres de sus víctimas y se llevaban como botín sus larvas para provecho de su propia colonia. Otras hormigas asumían el papel de granjeras, subían a árboles, capturaban orugas y larvas de escarabajos, “ordeñaban” sus secreciones (más alimento) y las llevaban a pasar la noche a la colonia subterránea, es decir, a las cuadras. ¡Como ganado! Nadie las entrenaba ni aprendían por observación. Nacían y ya sabían qué debían hacer.

Sospecho que entre la especie en extinción de los periodistas también ocurre esta selección.    Apoyado en la teoría de Wilson me atrevo a decir que basta mirar a los periodistas para adivinar qué especialidad tienen. Y con muy estrecho margen de error.

Parte de la historia no oficial en Bolivia

Chauvinistas como en cualquier lugar del planeta, los bolivianos se jactan de ser especiales y de conformar una sociedad única en el universo. Lo dicen incluso quienes tuvieron oportunidad de traspasar fronteras y de surcar océanos y cielos intercontinentales. Por lo tanto no sorprende que se escuche o se lea que las condiciones naturales de este país son ideales para ejercer el periodismo de humor político, si es que se lo acepta como un género más. Cuando al humorista boliviano David Santalla (2011), le preguntaron sobre el humor político, dijo: Muchas veces yo he evitado hacer humor político porque no me gusta la pornografía. Muchos mienten…”

Como sea, desde los albores del periodismo boliviano se han tenido noticias de la práctica de la ironía, el sarcasmo, que es como se suele identificar al periodismo de humor, sea abiertamente en columnas o publicaciones especializadas, o de modo más discreto, mimetizado entre el periodismo serio, o como ya se adelantó, en fugaces publicaciones independientes.

La inestabilidad política, o más bien lo estable de la personalidad en la generalidad de los bolivianos metidos en política, previa demostración de aptitudes en la práctica de algunos de los deportes nacionales como: el descontento, la envidia y la ambición, lo cual se aplicaría también a cualquier parte del planeta, según cómo nos percibimos individual y colectivamente, se interpreta como una ventaja.

De manera que para entender la historia, los procesos sociopolíticos contemporáneos, es preciso tomar en cuenta esta historia no oficial, porque el periodismo de hoy es la historia de mañana.

Desde la época en la que las rencillas, que provocaban los comentarios periodísticos, se resolvían en duelos de honor con padrinos incluidos, hasta los tiempos actuales en los que las reacciones son más sutiles. Un siglo de periodismo de humor boliviano, parte de la historia oficial y otra no oficial, registrada en cuartillas de escasa circulación, donde las vergüenzas nacionales no se esconden ni se disimulan, ni tampoco las victorias resultan sobredimensionadas.

En la revisión de la historia del periodismo boliviano se encuentra que la mayoría de los más connotados periodistas, en algún momento, hicieron periodismo de humor. Luis Ramiro Beltrán fundó en Oruro el semanario humorístico Momento y ejerció la sátira hasta dedicarse de lleno a la investigación sobre la comunicación, a inicios de los años cincuenta. En Oruro también circuló El Mosquito, de José Luque, que luego dirigió Cascabel en La Paz. Pedro Rivero Mercado firmó su columna como Tertuliador durante más de cuarenta años. Desde el mojón de la esquina, inspirado en El Buho, un periodiquito cruceño, describe en clave de humor, la época del auge de la goma. Otro ejemplo es Olla de grillos de Jorge Mancilla Torres, que firmaba como Coco Manto, perseguido por la dictadura de Hugo Banzer, que ahora vive en México.

Los llamados periódicos de Alasita, desde hace más de una década en varias ciudades del país, se hacen en esta clave de humor político.

Nos detenemos en cuatro estudios de caso, que de ninguna manera son los únicos ni necesariamente los más relevantes, pero son los que expresan mejor la relación entre periodismo de humor y poder político, en tres momentos históricos concretos: El semanario Don Pito, la columna de Paulovich, la revista Cascabel y el bando El Peine.

 

Don Pito

La asonada del 12 de julio de 1920, en el ocaso del gobierno liberal, generó un tormentoso ambiente político en el que las gacetillas palaciegas, nótese lo de ciegas, exaltaban las virtudes del gobierno liberal, mientras los periódicos del llano denunciaban el desbarajuste administrativo, desfalcos al erario fiscal y los privilegios del oficialismo. Cualquier pretexto se utilizaba para atacar y ridiculizar al Ejecutivo (Moscoso 1978).

Entre el gobierno de Bautista Saavedra y las postrimerías de la Guerra del Chaco, las rencillas políticas se hicieron más encendidas. Hubo deportados y se atacó la redacción de El Diario, trinchera del partido liberal.

Esto no ocurría únicamente en la sede de gobierno. En el diario La Patria, en Oruro, el 19 de octubre de 1923, el editorial señalaba los siete suplicios que el periodista debía soportar: 1. El de escribir para un lector en su mayor parte incomprensivo, 2. El ser juzgado no por gentes de su oficio, sino por profanos, 3.  Sufrir a sus colegas armados de enconos y emparedados de prejuicios, 4. En que casi siempre su honor y su carrera son incompatibles a menos que se mantenga recto y libre, en cuyo caso peca de extravagante, 5. El de la enemistad de los gobernantes, 6. El de sus colaboradores que rara vez son útiles y desinteresados, y 7. El del empleo incompensado de sus esfuerzos. Moscoso (1978).

La fusión de saavedristas y republicanos disidentes sostuvo al presidente Hernando Siles. A esta alianza se la llamó La Unión Nacional y el fenómeno político, aplaudido por el periódico Nueva Era dio insumos suficientes como para que un grupo de periodistas críticos y apegados al humor, escriban su versión sobre la historia con un semanario llamado Don Pito.

Viajemos, pues, a la ciudad de La Paz, al año 1926, cuando con 10 centavos y un poco de suerte se podía adquirir en la calle uno de los contados ejemplares de este semanario, dirigido por Roberto Jordán Cuéllar, con Víctor Maldonado Arce como jefe de Redacción y bajo la administración de Hugo García.

Un impreso de ocho páginas en tamaño tabloide, con ilustraciones de D.M. Landa que aparecía los lunes, y hasta el martes, ya no era posible encontrarlo en los puestos de venta, y como en aquel entonces no había fotocopias ni teléfonos que lo puedan fotografiar para compartirlo en WhatsApp, pasaba de mano en mano confidencialmente y a veces se extraviaba o se destruía involuntariamente, con sospechosos derrames de café o de api, o el viento abusivo dirigía certeramente las hojas a las brasas de alguna chimenea estratégica.

Ubiquémonos en el gobierno de Hernando Siles, con los banderines del centenario de la República, todavía presentes en las calles de la sede de gobierno -no hace mucho arrebatada a Sucre-, medallones conmemorativos aún relucientes y una urbe, La Paz, con su clase dirigente disfrutando de los beneficios de la explotación minera en Oruro y Potosí, comerciando con Europa, viajando en tranvía y mostrando estampas de otros pueblos del país que no tenían ni pavimento o alumbrado público como si fueran de otro continente.

¿Qué es lo que aparece en la primera página de este pasquín, a mucha honra? Bajo el encabezado, lo que en estos días se llama pomposamente logotipo e isotipo, la advertencia de que “no se aceptan duelos”. Negativa justificada en uno de sus editoriales, con el sólido argumento de que les parecía innecesario ofrendar la vida por algo tan vano y, que no disponían ni del tiempo ni de los recursos para pasarse las jornadas laborales entretenidos en tan arriesgados lances.

En primera página, edición del 29 de noviembre, estaba la caricatura dibujada de la víctima ocasional, generalmente autoridad relevante. Acerca del prefecto Arturo Prudencio se lee:

Se trata de un milagro con bigotes y lentes. Arturito es un milagroso chulicolímetro (…) cuando se trata de escribir de él, los adjetivos escasean, pues don Prudencio es escaso con todo respeto. Si a su cabeza nos referimos, pocos pelos le restan, ni qué decir de sus lentes, pues solo lleva uno para cada ojo: total, cuatro lentes. De todo él, lo más importante a nuestro juicio son sus hermanitos, simpáticos por excelencia y sport de profesión. Hoy por hoy es el prefecto de La Paz. Ante él por eso, doblamos esta humilde ofrenda de nuestros sentimientos y después de despachársela en un sobre sin estampilla, le deseamos luenga vida, buenos almuerzos y feliz desempeño. He terminado, no lo he fastidiado, pero he dicho: Usted será el siguiente.

De ese modo anunciaba a su próxima víctima, “porque el que avisa no traiciona”.

Refiriéndose a otra alta autoridad, Pepe Indaburo, comenta que aprendió a tocar el violín a los 3 años de edad. Luego interroga: ¿A qué edad se le olvidaría, no?

En su sector de diccionario, se lee: Agua.- Lo que venden en La Paz con el nombre de jugo de vaca”.

Don Pito, que no habla bien de nadie, tenía su redacción en la avenida Montes, número 106. En el Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia se conservan cuatro ediciones.

En sus páginas interiores estaba la nota editorial y espacios fijos como: Un día como hoy, el panorama político, pensamientos, fragmentos del libro La Paz vista desde 8.000 metros, de Daniel Pérez Velasco, nuestros libros y autores, el solfeo semanal y noticias baratas.

Entre otras cosas afirmaba que en Bolivia “no hay políticos, lo que hay son politicómanos, politicastros, politiqueros, politicómicos, politicogastrónomos, politicomodaticios, etc”.

En el editorial del primer número anuncian que: “al lanzar nuestra hoja a la circulación pública nos guía el interés de depurar el ambiente nacional…”

El lunes 13 de diciembre de 1926, en la página 4, bajo el editorial, aparece una nota que sirve para comprender mejor su posición entre sus colegas de oficio. Tiene el título: Personificación y color de la prensa local.

Acerca del periódico La Razón dice:

Señorita iracunda, violenta y rencorosa, mártir del Gólgota, del periodismo de raza puramente criolla. Le rompieron varias veces la dentadura con la que mordía fuerte, muy fuerte. La arrojaron a la calle desde su propia casa, por los balcones. Fue quemada viva como Juana de Arco. Ha salido al extranjero a pasar largas temporadas de veraneo oficial. Su boquita ¡ay! Que boquita. Parlanchina, decidora, ha sufrido las caricias de fríos candados y ásperas herraduras, consolada ahora con lágrimas en los ojos, condena a los que mal la quisieron (aunque a los que la maltrataron peor los abraza sin rencor y a regañadientes (dientes postizos) Se ha entregado últimamente () Su papito se lo ordenó pero aún tiene sus caprichitos. ¿Su color? Rosado verde agua.

Sobre El Diario escribe:

Este pobre viejo ya tiene sus añitos. Hombrecito de pecho en pelo, en pelo de otro pecho (de pelo en pecho no lo es) tiene pelos en la lengua. Habla con reserva, que es timidez o conveniencia (cree practicar aquello del ‘congreso de periodistas’ (…) no escribir como periodista lo que no se puede escribir como caballero. Apostamos a que nadie sabría decir cuál es el color de El Diario. ¿Que es incoloro? No, señor, o blanco o negro. Es blanco con matices verdes y aquí hacemos paréntesis al parentesco. El Diario ha sido condecorado también con las insignias de la herradura y la Orden del destierro.

Acerca de la Nueva Era:

Nueva Era es una ternera. Si no es verso es la pura verdad. Una ternera de nacimiento. Y es glotona y es guagua todavía. Es polícroma”.

De Bandera Roja dice:

La Bandera Roja es verdaderamente hábil lavandera de trapos sucios que después de exprimirlos los saca al sol. Su lema es Trapitos al sol. Su especialidad son los trapos que huelen a burgués, los trapos negros y morados que huelen a vela de sebo e incienso. Los pelos que le faltan en la lengua los tiene de sobra arriba del ombligo en ese lugar llamado pecho. ¿Su color? No es sencillamente rojo, es un rojo exclusivamente suyo, un rojo bomba anárquico, adinamitado.

Resulta evidente la afinidad con este medio, lo cual también se manifiesta en el editorial del 6 de diciembre de 1926, que lleva por título Los hijos de sus mamás. Dice: “nosotros estamos, valga la aclaración, al mismo nivel del valiente periódico Bandera Roja”.

 

Paulovich, 57 años y van

Uno de los mayores referentes del periodismo de humor en la actualidad es Alfonso Prudencio Claure, pariente próximo del Prudencio aludido en el semanario Don Pito, mantiene su Noticia de Perfil desde 1958, primero en Presencia y posteriormente en varios diarios del país, de modo simultáneo.  Quien inicialmente firmaba como Paulo y luego y hasta ahora como Paulovich, hizo un amague de retiro hace un par de años, alegando problemas con la vista, pero retornó casi de inmediato, aunque con menos frecuencia en sus publicaciones, y convencido de que tiene una misión, casi una responsabilidad, con esta forma de hacer periodismo. Entrevistado por el diario Página 7, enfatizó que los cultivadores contemporáneos del género eran “Gustavo Adolfo Otero, Juan Francisco Bedregal, Walter Montenegro y yo…” Y que no había más. (Alfonso Prudencio 2015).

Muchas de sus columnas periódicas fueron editadas en sus libros: Bolivia, Typical país (1960), Rosca Rosca, ¿qué estás haciendo? (1960-1961), Cuán verde era mi tía (1967), Apariencias (1967), Memorias de un joven puro (1973), Florecillas y espinillas (1973), Conversaciones en el motel (1976), Un humorista ante el muro de los lamentos (1980), Manual del perecto negrero (1980-1981), Elecciones a la boliviana (1989), Ríete y serás feliz (1994-1995)

La serie de semblanzas de figuras públicas publicadas en el suplemento literario del diario Presencia se titulaba “Apariencias” y se parecían mucho a las “Pitadas” de Don Pito, porque estos perfiles humorísticos eran ilustrados con caricaturas dibujadas por el escritor Pedro Shimoshe.

La noticia de perfil apareció en 1958, cuando Presencia pasó de ser semanario a diario. Su director Huáscar Cajías le encomendó la tarea de hacer una columna de humor. Fue así que la columna Cartas a mí mismo, que escribía semanalmente, firmándola como Paulo, pasó a ser La noticia de perfil, esta vez firmada con el seudónimo de Paulovich, que en lengua eslava quiere decir ‘el hijo de Paulo’.

Prudencio considera que escribir sobre humor es más difícil, porque se trata de un género mayor dentro de la literatura y el periodismo. “En un artículo serio se conoce el motivo, se busca el origen y el fin de cada problema; se hace un razonamiento y finalmente se llega a una conclusión. En cambio en el humor se puede repetir todo ese proceso, pero con mayores ingredientes, los cuales hay que saber utilizarlos”.

Ha creado varios personajes que le ayudan a interpretar la realidad social y política “para que los lectores no se aburran al leerlo en primera persona”. La tía Restituta viuda de Batistuta, los tíos Pelópidas y Huebastián, la tía Omaygad y también con su esposa, la ‘hispanoparlante‘.

Una columna reciente, publicada el 27 de agosto de 2015 es esta:

Evo no debe agacharse

Mientras mi mente ponderaba las consecuencias de la caída en la Bolsa de Valores de Shangai y Hong Kong, y las repercusiones de ese hecho en el precio de mis calzoncillos, apareció en mi oficina periodística la cholita cochabambina que me informa acerca de la actividad palaciega para decirme en voz alta y clara: “¡Es preciso que usted sepa que Evo no debe agacharse!”.

Completamente ajeno a la decisión gubernamental de agacharse o no cuando le da la gana, pregunté a mi reportera la razón de su extraño anuncio acerca de la posición vertical o inclinada de nuestro mandatario vitalicio, comprendiendo la cholita mi sorpresa al escucharle decir que Evo no debe agacharse. Recién entonces me enteré del escándalo nacional e internacional que se armó cuando en las pantallas de televisión empezaron a reproducir la escena que muestra a nuestro mandatario ordenando a uno de sus guardias personales que le atase los cordones de sus calzados, como si Evo no pudiera hacerlo él mismo, aunque en una posición indigna.

Al ver el mencionado video, comprendí al mandatario y entendí claramente la indignada frase de mi comadre “Evo no debe agacharse”, uniendo mi voz a la de mi comadre porque un hombre no debe agacharse jamás y menos todavía una mujer, porque en este mundo falaz nadie respeta a quien se agacha, sea un Presidente, un Vicepresidente o una cholita virtuosa como es mi comadre Macacha. Ya ingresando en el terreno práctico, la cholita cochabambina nacida en Quillacollo hizo caer al suelo un dólar, al que yo miré despectivamente, sin realizar ningún esfuerzo para recogerlo, actitud que aplaudió Macacha, sin comprender que otra habría sido mi actitud si se hubiera tratado de una cantidad mayor.

Volviendo a la negativa de Evo a ponerse en posición antiaérea para amarrarse los huatos de sus zapatos, dije a mi bambina cochabambina que nada habría sucedido si nuestro bien empilchado (que no es sinónimo de elegante) Presidente hubiera llevado “mocasines”, calzados muy cómodos y libres de “huatos”, como decimos los cholos en mi puebloAl finalizar nuestra conversación, convinimos con mi discípula en que esta fue la anécdota de la semana y que nuestro pueblo al conocerla criticó mucho a nuestro Presidente Vitalicio, acusándolo de endiosado y soberbio, siendo mi comadritay y yo los únicos que lo defendimos porque la vida nos ha enseñado que nunca hay que agacharse porque es peligroso.

 

Revista Cascabel

Si Prudencio es un referente en cuanto a columnistas, la revista Cascabel lo es en publicaciones especializadas.

Dirigida por Raúl Gil Valdez, y también por José Luque Medina, con Juan Alfaro Ramírez como subdirector, Fernando Terán como gerente y Carlos Calla como administrador, circuló durante más de 25 años y, según lo que se tiene documentado, es el medio humorístico que estuvo más tiempo en circulación. Entre las firmas de colaboradores figuran: Julio Arce, Raúl Rulo Vali, Jimmy, ‘Cocolizo Malatuerca, Tintazul, Ricardo Frías Sifrico’, René Mallea ‘Rema’, Calderón de la Parca y Guido Franco.

Con los sobrenombres y con los colaboradores ocasionales, existen dos fenómenos: Hay periodistas que usaron más de un sobrenombre, según la época y para burlar a los censores, y hay también sobrenombres multiplicados, es decir que varias personas usaron el mismo apodo. Las características del ejercicio de este tipo de trabajo así lo determinaron y por ello se suelen confundir. “Estamos nuevamente en las callosas manos del trabajador y cuidadas manitas del patrón. Ni referirnos a las manos descansadas y satisfechas de los que reciben dos mil setecientos mensuales”. (Cascabel número 79, año 25, diciembre de 1986. 3 bolivianos).

De ese modo inicia la nota “Edictorial”. Correspondiente a la tercera y última época de esta revista, fundada en 1960, desaparecida en 1970, relanzada en su segunda época en 1981 -antes del retorno a la democracia (1982)- y cerrada meses después, luego de seis números, durante el periodo hiperinflacionario, en el régimen de Hernán Siles Suazo.

Esta revista reunió a grandes dibujantes e historietistas con reconocidos periodistas. Abordó la política criolla, sazonándola con ironía y mostró el lado humorístico de un periodo marcado por sucesivos golpes de Estado y en sus últimas ediciones abordó la problemática del narcotráfico, corrupción, crisis económica, y también criticó la programación en la TV.

 

El Peine

Como se señaló, el ejercicio del periodismo de humor político tiene muchos ejemplos en Bolivia. En Santa Cruz, durante el auge del narcotráfico y en el periodo de la democracia pactada, surgió uno de sus referentes.

El referente de periodismo de humor en Santa Cruz tiene disfraz de bando carnavalero. o viceversa. Circula desde 1989 y reúne las características de una revista de humor político porque trasciende a lo carnavalero. En sus 26 ediciones ha mantenido su espíritu crítico y mordaz.

Walter Sánchez, uno de sus fundadores, sostiene que El Peine se ha ganado el sitial que tiene, porque pudo mantener su independencia de los poderes en los sucesivos cambios de gobierno a escala nacional y regional. Por este motivo también ha sido cuestionado por medios de comunicación que se sienten afectados por sus comentarios.

Editado en forma de revista, tiene secciones fijas y se mantiene actualizado con los temas políticos, deportivos e incluso de la farándula internacional y criolla.

Abordar un tema tabú, como lo fue la relación entre la política, el narcotráfico y el deporte, y enfrentarse a medios de comunicación tradicionales le dio un sitial preferente y diferenciado con respecto a otros bandos carnavaleros.

Alejado geográficamente del centro de poder político, a diferencia de los otros casos nombrados, El Peine aborda en sus ediciones las relaciones de los círculos de poder económico en Santa Cruz y critica a los gobiernos departamentales y municipales.

Influenciado por publicaciones universitarias, ganó las calles primero de modo gratuito y luego, gracias a su éxito, se vende durante la época carnavalera.

 

Apuntes finales

El humor político se ejerció y se ejerce en Bolivia desde los albores del periodismo. Se trata de un humor que busca incidir en la sociedad, cumple un rol social como contrapoder y utiliza las herramientas de la ironía, la paradoja, el absurdo, para convertirse en una expresión popular y accesible.

Los cuatro momentos y ejemplos concretos, aquí expuestos, ayudan a entender los complejos periodos de la inestabilidad política nacional. Cada uno utilizó las herramientas que tenía a su alcance para interpretar y cuestionar, desde la perspectiva humorística, al poder y también a la sociedad.

Es una aproximación, en el entendido de que falta por descubrir y sacar del anonimato a muchos otros, así como identificar las nuevas formas de hacer periodismo de humor, por intermedio de redes sociales o usando distintos soportes.

 

Referencias bibliográficas

A

Martinez, José Luis. (1974) Redacción periodística. ATE, Barcelona.

Jelen, Marcelo. (1997) Traficantes de realidad. CBA. Montevideo.

G

Prudencio, Alfonso. Entrevista al diario Página 7 (31 de mayo de 2015).

Renau, Joseph.( 1977) The american way of life. GG. Barcelona.

Santalla, David.   Entrevista en el diario El Potosí (20 de marzo de 2011)

Van dijk, Teun. (1999.) Análisis del discurso social y político. Quito, Ecuador: Abya-Yala,

W

 

[1] Periodista y director del periódico virtual satírico “El Otro Amarillo”.  Docente en la Universidad Privada de Santa Cruz UPSA. Columnista de El Deber.

 

Ponencia presentada en el IX Encuentro Nacional de Investigadores de Comunicación, Sucre, Bolivia septiembre de 2015.

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Periodismo de humor


Osman Patzi S.*

Espero que no parezca un chiste el hecho que sea yo quien les hable del periodismo de humor. De todas maneras, estoy seguro de que nos vamos a divertir un poco. Es común que al empezar una charla sobre determinado tema nos remontemos a los antecedentes, a la historia. A veces resulta inevitable, pero quisiera que me permitan en esta oportunidad referirme al futuro, a la teoría aquella de Edward Osborne Wilson, denominada sociobiología. Según este biólogo, las humanidades y las ciencias sociales pasarán a ser ramas especializadas de la biología. O sea, los futuros periodistas en este momento están en laboratorios, literalmente. Explica Wilson que las especies, incluida la humana, nacen determinadas genéticamente para cumplir determinados roles. Puso como ejemplo, en su texto Las sociedades de insectos, que una sola hormiga reina daba a luz a un millón de crías de una asombrosa variedad de tamaños, cada una de las cuales estaba destinada a cumplir una función específica. Las obreras salían a buscar comida. Las hormigas soldado formaban un ejército de merodeadoras, como los hunos y tártaros, y atacaban a otras colonias de hormigas. Se comían los cadáveres de sus víctimas y se llevaban como botín sus larvas para provecho de su propia colonia. Otras hormigas asumían el papel de granjeras, subían a árboles, capturaban orugas y larvas de escarabajos, “ordeñaban” sus secreciones (más alimento) y las llevaban a pasar la noche a la colonia subterránea, es decir, a las cuadras. ¡Como ganado! Nadie las entrenaba ni aprendían por observación. Nacían y ya sabían qué debían hacer. Sospecho que entre la especie en extinción de los periodistas también ocurre esta selección. Los pintudos, como aquí mis colegas (…), abrazan el periodismo económico; por otro lado están los que hacen política, es decir, ehh… periodismo político; los que hacen prensa deportiva; de farándula; de policiales; y todas las especialidades que se les ocurra. Los que se ríen a costa de todos ellos ya pueden imaginarse quienes son o quienes nos creemos que somos. Apoyado en la teoría de Wilson me atrevo a decir que basta mirar a los periodistas para adivinar qué especialidad tienen. Y con muy estrecho margen de error. Cuando decidí el nombre que llevaría mi periodiqiuito, en vías de extinción, igual que los periodistas, también estaba intentando hacer un chiste. Que obviamente no les hace gracia a los que se precian de serios y son amarillos, en el sentido ese peyorativo de lo peor de la prensa. Cuando digo El Otro Amarillo, es porque les estoy gritando que no soy el único. El otro es alguien de quien nos reímos. Descubrí que muchos periodistas se sienten atraídos por las columnas de los periodistas serios, es decir, de los que entre chiste y chiste dicen lo que otros callan. En Bolivia son más de los que me imaginaba porque no hay buen periodista que alguna vez no se haya dejado tentar por la sátira y el humor para contar hechos cotidianos. Nuestro estimadísimo doctor Luis Ramiro Beltrán editó en plena revolución emenerrista el semanario Momento y volcando ese viejo adagio de que no se puede decir como periodista lo que no se puede mantener como hombre, advertía que “no decían como que periodistas lo que no podían sostener como pugilistas”. Don Pedro Rivero Mercado nos ha malacostumbrado a su Tertuliador, desde el mojón de la esquina y don Alfonso Prudencio, el inefable Paulovich, desde su Columna de perfil, nos refrescan lo cotidiano y son claro ejemplo, por mencionar sólo a los que han sido homenajeados recientemente. Las que son escasas, o al menos efímeras, son las publicaciones especializadas y ahora entiendo por qué. Imprimir es muy caro. Además son un atentado contra las buenas costumbres. Son consideradas subversivas y sólo en alasitas o en carnaval se les concede algunas licencias. Imposible no mencionar a la desaparecida revista Cascabel. Los periódicos paceños aprovechan el festejo del dios de la Abundancia para publicar miniaturas con noticias chistosas y picantes, con el diseño del diario supuestamente serio. Por estos lares es el dios Momo el que auspicia los bandos y si alguno sobresale es El Peine, tan esperado en carnaval como la elección de la reina porque escapa del estilo en verso y se convierte en revista, con secciones y todo. Y en este punto que considero el clímax de mi modesta intervención, me parece oportuno hacer una importantísima puntualización. Los periodistas que se dedican al humor no son humoristas. No pueden, aunque quisieran. No hacen chistes para que la gente ría, los hacen para que la gente piense, se incomode y sonría con complejo de culpa. Por eso los periohumoristas, si vale el término, son personajes solitarios e incomprendidos. Nos causan gracia sus ocurrencias siempre y cuando nosotros estemos al margen. Es fácil reírse de los políticos a los que nosotros mismos hemos encumbrado y abusan de su poder, y de los empresarios a los que les hemos engordado las billeteras, y de los artistas y deportistas a los que hicimos famosos sin que lo merezcan. Si descubrimos que somos cómplices, reímos ya por disimular. Se usa la sátira como una forma de control social, pero muchas veces los aludidos son tan cuerudos, que no se les hace mucha mella. Decimos que nos reímos a costa de ellos, pero ellos se ríen de nosotros todo el tiempo y entonces es un intento por equilibrar la situación. A los detractores de esta supuesta especialidad (el humor) les parece que esto no es periodismo porque pasa por alto las que se supone que son normas básicas del oficio. Y puede que tengan razón. No se contrasta fuentes, se atenta contra la imagen, se exagera, se distorsiona, se fragmenta, se manipula, se omite, con burla, con escarnio. Se refuerzan estereotipos. En síntesis, se caricaturiza hechos y personas con alevosía y de manera impune. ¿Quiénes nos creemos que somos? ¿De dónde salió la autorización para deshacer tantas honras? Simplemente de nuestra necesidad de llegar a la gente, de pensar que se puede lograr cambios a partir de la crítica social. No es sólo el chiste. Tiene que haber mensaje. El periodismo de humor es un factor de cohesión social que ratifica percepciones, porque cuando se miran caricaturas y viñetas en los diarios no se está mirando sólo dibujitos. Cada trazo esconde un poderoso mensaje. Leyendo entre líneas a los periodistas de humor se puede entender fenómenos que de otro modo nos resultan normales. O que así nomás tienen que ser. “Es la contraparte del efecto triunfal del discurso hegemónico”, dice María Ximena Ávila, docente de la Universidad Nacional de Córdoba. La utilización sistemática de la paradoja como recurso crítico es una especialidad del fotomontajista Josep Renau. O como se suele decir en el medio: “lo bueno que tienen estos conflictos políticos es lo malo que se están poniendo”. Teun van Dijk, recuerda que “el proceso de producción ideológica no es unilateral. No sólo se dirige del poderoso al público en general a través de los medios, ya que la elaboración de consentimiento puede también implicar una orquestación de disconformidad que refleja la estructura de poder. Las condiciones socioeconómicas también contribuyen a los contenidos y a las formas de opinión pública y dentro de unos márgenes flexibles, pero controlados, de protesta y resistencia los medios de comunicación, llevan el feedback hasta la estructura de poder”. Comparto con ustedes una frase del caricaturista del diario ecuatoriano El Universo, Xavier Bonilla, hablando sobre el humor en el periodismo: “El humorista no tiene enemigos. Pero los enemigos siempre tienen un humorista. No entre sus filas, sino que tienen un humorista que les sale al paso al convertir, como un Midas al revés, en hojalata todo el oro que pronuncian”. Sin embargo, existe una condición primordial para el humor. Y es que no es apto para los no inteligentes. Es una ventaja adicional que ha permitido salvar el pellejo a muchos chistosos de la prensa. Existen varias anécdotas, en especial durante las dictaduras. A los gorilas les costaba tanto entender los chistes, que cuando caían en cuenta del hachazo, el periodista ocurrente ya estaba a buen recaudo. La definición, desde el punto de vista de la semiótica, es clara: El humor no es un género autónomo. Se trata de un sesgo ideológico que toman las historias, una retórica específica. El mecanismo simbólico de su engranaje se inaugura en la transgresión, un romper las convenciones, pero esta ruptura no activa reacciones violentas o desagradables. Su táctica es, justamente, la empatía. De otro modo, el efecto deseado (la risa y la sonrisa) se anula y ya no es posible el goce. El equívoco y el doble sentido son sus vehículos, los cuales emergen de procesos erráticos de la comunicación, de significaciones ajenas que tratan de ser compartidas. El humor encuentra su materia prima en lo cotidiano. En ese espacio temporal es posible rescatar situaciones erróneas y hurgar sus signos. Un instrumento fuertemente utilizado por el humor es la ironía. La desventaja de su tangente eufemística es el requisito de la inteligencia. Sólo el receptor inteligente puede procesar las significaciones que se desprenden de su ausencia y su presencia. La ironía es fundamentalmente cultural y esta clausura hace difícil su exportación. De ahí que aparezca cierta dificultad a la hora de entender los chistes gringos, como este: El párroco se dirige enojado a la Alcaldía del pueblo, ingresa y le dice a la autoridad: -señor Alcalde, es lamentable que usted como autoridad no ordene recoger ese burro muerto que está frente a la iglesia botado ya desde hace una semana. El alcalde que no estaba ese día de muy buen humor, le responde: -¿Y usted, como buen cristiano, por qué no le da una cristiana sepultura? El cura responde en tono sarcástico: -Sí… ¡pero también como buen cristiano es mi deber, antes del entierro, avisar a sus familiares! … Bibliografía WOLFE, Tom (2000) El periodismo canalla y otros artículos Ed. Punto de lectura, Madrid BONILLA, Xavier (El humor en el periodismo) ÁVILA, María Ximena (2003) Discurso periodístico y humor. Sala de Prensa VAN DIJK, Teun A. (Racismo y análisis crítico de los medios. Ed. Paidós, Barcelona RENAU, Joseph (1977) The American Way of Life. Ed. Gustavo Gilli, Barcelona GREBE, Ronald y otros (2000) Historieta y caricatura en Bolivia. Ed. Soipa, La Paz RIVERO, Giovanna (2005) Semiología aplicada, texto para la materia. UPSA, Santa Cruz

*Osman Patzi S. es periodista, director del semanario El Otro Amarillo, docente de la UPSA y la UEB, corresponsal del Observatorio Nacional de Medios y secretario general de la Confederación Sindical de Trabajadores de la Prensa de Bolivia. Ponencia presentada en el seminario de periodismo realizado en la Universidad Privada Domingo Savio, en Santa Cruz, marzo de 2009.

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