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Derechos y justicia, la sátira política en el banquillo

Mgs. Osman Patzi Sanjinés

Docente UPSA

La pretendida neutralidad judicial como intermediadora en la colisión de derechos entre la sátira y su presunta víctima, la denominada clase política, es de por sí una quimera, porque en la praxis se inclina hacia uno u otro lado, según la circunstancia o los actores, y quizá no tanto por falta de probidad como de una normativa jurídica específica o, incluso, de jurisprudencia.

El derecho a la sátira, como parte del derechos a la información y la comunicación es tan universal como humano debido a que funciona como contrapoder, aunque siempre habrá un resquicio por el cual se pueda introducir algún argumento jurídico para que un tribunal restrinja o limite tal derecho y frente a ello se espera que la Ley de Imprenta, la Constitución Política del Estado y la Declaración Universal de Derechos Humanos sean salvaguarda.

Del mismo modo, existe un conjunto de derechos personales amparados en el Código Penal y el Código Civil, para la protección de la dignidad humana y el buen nombre. Desde esa perspectiva, un tesista de la Universidad Mayor de San Andrés (1) plantea el endurecimiento de las penas para escarmentar los atentados a la honra y aunque posiciones como esta no son nuevas ni exclusivas de Bolivia, suelen ser vistas como una amenaza para la libertad de expresión y, también, para el derecho a la sátira. En 2018, ya se había intentado modificar el Código del Sistema Penal boliviano, entre otros aspectos, los relacionados a la injuria, calumnia y difamación.

¿Es la sátira un derecho? ¿Está por encima o debajo del derecho a la honra y el buen nombre? Son interrogantes que se intentará responder, al menos de modo provisional.

En todo caso, la sátira es un derecho del que no se puede privar al ser humano. Otro asunto es el derecho a escribir, o manifestar por cualquier vía, incluso cibernética, contenidos satíricos, sean gráficos o literales en esas unidades comunicativas conocidas como memes.

La Real Academia Española de la lengua señala dos acepciones para el vocablo sátira:

1. f. Composición en verso o prosa cuyo objeto es censurar o ridiculizar a alguien o algo.

2. f. Discurso o dicho agudo, picante y mordaz, dirigido a censurar o ridiculizar.

Se enfatiza el género femenino, dado que el masculino sátiro tiene connotaciones sexuales aberrantes y no tienen relación con el asunto aquí tratado.

En ambas acepciones se señala la ridiculización y esta puede ser un líbelo; 1. m. Escrito en que se denigra o infama a alguien o algo. Antiguamente, el líbelo de repudio era el escrito con que el marido repudiaba a la mujer y disolvía el matrimonio. El líbelo infamatorio es simplemente el escrito en que se denigra (2).

En su Dissertation sur les libelles diffamatoires (Disertación sobre los líbelos difamatorios), Pierre Bayle (3) ​define el libelo como un texto a la vez opuesto a la crítica y a la sátira. Esta es una precisión muy importante porque señala que a diferencia de la sátira, las orientaciones de los libelos no eran modélicas, sino que se dirigían a personas o instituciones precisas y concretas. Y contrariamente a la crítica, los autores de los libelos eran y son esencialmente anónimos, o están disimulados o camuflados bajo seudónimos. En esta referencia (4), se apunta un aspecto esencial en la discusión, cual es el anonimato.

Las redes sociales, como espacio de interacción que se autorregula y se utiliza como palestra o trinchera, son un campo relativamente libre y, por tanto, reino del anonimato. Es el soporte de micromensajes instantáneos, capaces de reproducirse y multiplicarse por las facilidades de interacción, incluso fuera de los círculos de interés por aquel fenómeno conocido como ‘viralidad’.

El monopolio del control sobre los medios tradicionales, sea mediante la presión judicial o la presión económica no llega al ciberespacio. Hay quienes celebran esta liberación y la entienden como ‘democratización’, lo cual también es discutible.

Mucho esfuerzo y tiempo supuestamente se dedica a la revisión de reportes de denuncias de usuarios en las plataformas virtuales y hasta que se logra identificar el origen de un líbelo, sea como texto, video o incluso en formato de meme, el impacto siempre resulta irreversible. Se dará de baja a algunos, pero al mismo tiempo estarán surgiendo otros similares o más ofensivos y así la historia parece no tener fin. Se bloquean sitios, se suspenden servicios, pero inmediatamente se crean otras cuentas desde las cuales se puede operar el libertinaje.

¿Son estas dificultades o el libertinaje una razón válida para dejar desprotegidas a las víctimas? ¿Se puede considerar víctimas de memes a quienes ejercen cargos públicos? ¿Hay límites? ¿Cuáles son? Las preguntas no cesan.

Conviene recordar que la práctica de la crítica social es tan antigua como la civilización y no se han librado de ella ni los más poderosos gobernantes a lo largo de la historia en el amplio mundo civilizado, al menos en el occidental.  

Obviamente, los autores de estas prácticas también han sufrido las consecuencias de sus osados actos, no tanto por la vía judicial al amparo de la ley de lesa majestad (5) vigente hasta no hace mucho en algunos países, sino con persecución y atentados contra la integridad física.

Y se ha tratado de justificar la persistencia, con o sin ley manifiesta, para seguir difundiendo contenidos satíricos indicando que el verdadero poder de estos escritos o gráficos siempre estuvo sustentado en el apoyo que lograban en la opinión pública, y entonces el debate se reanudaba. ¿Existe realmente una superposición de derechos? ¿Cuáles prevalecen? ¿A quién le corresponde vigilarlos?

El año 2002, el jurista español Miguel Ángel Montañés (6) disertó en el salón principal del entonces Sindicato de la Prensa de Santa Cruz, hoy Federación, y provocó urticaria en la audiencia al sostener que la Ley de Imprenta (7) tendría que ser abrogada de inmediato porque le resultaba inconcebible que los delitos de imprenta sean juzgados por un tribunal especial conformado por ciudadanos ilustres, si acaso los hubiera.

La reacción de los anfitriones ante esta argumentación fue natural dado que la Ley de Imprenta, vigente desde el año 1925, había sido declarada Patrimonio Jurídico de los trabajadores de la Prensa de Bolivia en el Congreso de Huatajata del año 1992. El gremio periodístico boliviano ha rechazado permanentemente los intentos de modificarla con el pretexto de su supuesta obsolescencia, porque se considera que es garantía para la libre expresión de cualquier ciudadano, un derecho también consagrado en la Declaración Universal de Derechos Humanos (8).

La declaratoria de Patrimonio Jurídico de los trabajadores de la prensa fue originada por la aprobación de un proyecto de ley en el Senado nacional en el año 1987. El proyecto de ley N° 026/87 en su Artículo Único reza.- “Los delitos previstos en la Ley de Imprenta de 10 de enero de 1925, serán tipificados de acuerdo al Código Penal vigente, y su trámite procesal se sujetará a las previsiones del Código de Procedimiento Penal. Quedan derogadas todas las disposiciones contrarias a la presente ley”. Es decir, los delitos y faltas en publicaciones pasarían a ser tipificados como delitos contra el honor (difamación, calumnia e injuria) y se procesarían en tribunales ordinarios.

Una gran movilización del gremio periodístico, que tildó el citado proyecto como “Ley Mordaza” logró que sea rechazado y desestimado. Paradójicamente, los tribunales de imprenta se reactivaron a partir de este intento de su desconocimiento, porque pese a estar vigentes desde la creación de la República, eran casi desconocidos.

Hay referencias de tensiones y conflictos similares en muchos países. Hasta donde se sabe, los intentos por acallar voces críticas, especialmente las de tono satírico, han sido desestimados en estados democráticos porque la libertad de expresión es un buen síntoma del ejercicio de las libertades democráticas.

Durante el juicio que se instauró para censurar una edición de la revista El Jueves (9) publicación española que agravió a la Casa Real en 2007, se señaló que “los límites de la libertad de expresión son más amplios para un político, que para un particular, porque el primero se expone inevitablemente y conscientemente a un control de sus acciones, tanto por parte de los periodistas como por los ciudadanos en general. Por lo tanto, debe mostrar una mayor tolerancia hacia las críticas”.

El caso, que cobró resonancia global, es señalado con frecuencia como un referente en esta disputa de larga data entre la prensa satírica en particular y el poder político, con la intermediación, o no, de los órganos de justicia.

En la fundamentación jurídica de ese caso emblemático (10) se recuerda, así mismo, que según su propia doctrina la sátira es una forma de expresión artística y comentario social, que, exagerando y distorsionando la realidad, pretende provocar y agitar. Por lo tanto, es necesario examinar con especial atención cualquier injerencia en el derecho de un artista -o de cualquier otra persona- a expresarse por este medio”. La edición fue censurada y se multó a los autores y editores. El año 2014 El Jueves volvió a difundir un contenido polémico y tras la nueva censura, varios de sus colaboradores renunciaron en protesta.

Un hecho más reciente, de mayo de 2021, aunque no esté directamente relacionado con la sátira política, motivó la protesta de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) (11) por una ley ecuatoriana “que criminaliza en forma agravada y desproporcionada algunas expresiones o acciones en el ámbito digital”.

Las alarmas del gremio periodístico se encendieron nuevamente y en el pronunciamiento público de la SIP indican: “Lamentamos que con el argumento de defender los derechos humanos, se termine atacando a la libertad de expresión”.

La Asamblea Nacional de Ecuador justificó la norma indicando que tiene el objetivo de proteger a las víctimas de violencia sexual y ciberacoso. Para ello, modifica el Código Orgánico Integral Penal, cuyo artículo 178, sobre violación a la intimidad, sanciona con entre uno y tres años de prisión a la persona que grabe, revele, difunda o publique datos personales de terceros.  

Para el presidente de la SIP, Jorge Canahuati, «la generalidad de la ley permite que los periodistas puedan ser demandados por incurrir en el delito de violación de la intimidad, sin establecerse diferencias respecto de asuntos de interés público».

He ahí el resquicio, la trampa. Ningún periodista en su sano juicio podría estar en contra de la protección a las víctimas de violencia sexual o el ciberacoso, pero este escudo también podría ser usado para esconder actos administrativos dolosos o para perseguir penalmente a los periodistas críticos.

En la Declaración de Salta Sobre Principios de Libertad de Expresión en la Era Digital (12) se establece que «los gobiernos no deben inhibir con regulaciones las expresiones de interés público en el espacio digital, tampoco imponer sanciones agravadas por el hecho que sean manifestadas en dicho espacio». El mismo documento afirma que si bien «las agresiones deben ser investigadas con prontitud y sancionadas apropiadamente», «la protección de datos personales y la privacidad de las personas son derechos fundamentales, pero no deben restringir ni limitar la circulación de información de interés público».

En general, se observa que la tendencia excesiva a regular internet sobre delitos que ya están tipificados en la legislación general crea peligrosos doble estándares.

Si se trata de chistes en los que los políticos son protagonistas en desventaja, o bien porque se ridiculiza al poder, no resulta conveniente confrontarlos de modo directo porque causarían una afectación mayor a los aludidos en el sentido de ‘el que se enoja pierde’, de modo que se suele usar lo que el humorista cruceño Óscar Barbery (13) eufemísticamente describe como “movimiento por los flancos de aproximación indirecta” para lograr la autocensura sin dejar huellas.

En el año 2016 tuvo amplia repercusión el amorío de una joven empresaria con el entonces presidente boliviano, Evo Morales. El titular periodístico del diario El Día el 11 de mayo (14) es ilustrativo: “Zapata y Morales son la sensación, los humoristas se inspiran en la política para hacer reír”.

Los humoristas, en realidad, estaban inspirados en las múltiples manifestaciones de sátira política que este amorío desencadenó en redes sociales porque ‘entre chiste y chiste’ se contaban unas verdades incómodas que se propalaban sin cesar.

Vamos, tampoco es que sea una novedad. El polígrafo cruceño Julio Salmón (15) publicó en El Tiempo, el 21 de mayo de 1937, un trabajo titulado Cien años de vida cruceña, “con los medios deficientes de información de que disponemos aquí, hemos podido hacer una lista de los cruceños que algo han hecho por el progreso y prestigio de su tierra. Se ha conseguido hasta donde ha sido posible”, y tal publicación obtuvo una respuesta pormenorizada de su antiguo alumno en la Facultad de Derecho, Humberto Vásquez Machicado, por algunas omisiones en el texto, entre las que señala a los “Satíricos” Felipe Leonor Ribera, Gil Antonio Peña, Pedro Ignacio Cortés y Vicente Herrera, así como al impreso La Lechuza, del cual indica: “Es todo un monumento de sátira; el verso viejo dice: Los lechuceros son tres / Ribera, Peña y Cortés”.

Lo curioso es que la observación inicial de Vásquez fue retrucada por Salmón de modo brusco: “Los escritores de La Lechuza no han dejado absolutamente nada de personal y sobresaliente en primera línea, sino chistes de barrio y de cierta oportunidad, que pasada la ocasión, decrece su importancia y significación. He creído pues, que la actuación de los ‘lechuceros’ estaba en la prensa, en la política, o en la poesía. Si esto digo de los señores Peña, Ribera (quien niega y ha negado siempre ser ‘lechucero’) y Cortés, con mayor razón me afirmo en mi criterio, en lo referente a Vicente Herrera, que no valió nada como ingenio, ni como gusto, ni como ironía. Era un simple chistoso, vulgar y ramplón y con dejo a rústico, que en cuanto a mí no le concedo ni los honores del folklore. No puede pasar a la historia, porque en esta forma, tendríamos que hacerlo ingresar también al insigne mentiroso de Rafael Rivero, de festiva recordación para nuestros padres”, justificó Salmón.    

La contrarréplica de Vásquez fue aún más contundente: “El caso de los ‘lechuceros’ y de Vicente Herrera, no es el primero ni ha de ser el último en los anales de la letras. Satíricos y obscenos han pasado a la historia como tales y aún continúan en sus altos sitiales de valer. Permítame citar algunos: Al azar puedo hacer mención de Aristófanes en el clasicismo griego de quien dice un comentarista: Alegrías agrestes, palabrerías de mujeres, querellas domésticas, riñas de mercado, interiores de cocina, escenas de tribunales, tumultos de plaza pública, todo lo ha pintado Aristófanes con mano maestra (El intelecto helénico por Pompeyo Gener, Barcelona, 162).

Sigue Vásquez con los latinos Persio y Juvenal, en el primer siglo de nuestra era, luego Petronio, continuando con el francés Rabelais. Describe ampliamente las referencias que se hacen de ellos y remata: “Ahí tiene usted ejemplos tomados al azar sobre grandes cumbres de la literatura universal y que fueron satíricos y obscenos sin que esto les desmerezca en el concepto de la posteridad que juzga tales obras con criterio amplio”.

Agrega: “El historiador, o el cronista si usted quiere, no puede en ningún momento dejar de lado ese precioso material de documentación que significa un órgano periodístico del género de La Lechuza que nos da la crónica escandalosa y pornográfica de toda una época. Si según Guizot, la comedia antigua representa lo que hoy para nosotros la prensa (Menandre, Etude historique et litteraire sur la comedie et la societé grecques, París, 1866; 146), ese periódico mordaz y envenenado, nos da la clave de muchas cosas de la época.

“Al respecto y con relación al valor del documento para la información histórica, un escritor relativamente reciente dice: Los documentos literarios, cuentos, proverbios, leyendas, romances, representan uno de los medios mejores de reconstruir la estructura mental de un pueblo. Su testimonio enseña cómo se comporta una nación en las diversas circunstancias de su vida y cuál es la escala de sus valores. Sin duda, el carácter de un pueblo se revela a través de todas sus producciones, pero donde hay que buscar principalmente ese carácter es en sus obras literarias. (Gustave Le Bon. Bases científicas de una filosofía de la historia, Madrid, 1931; 108). Ello confirma mi aserto y mi defensa de La Lechuza y sus redactores. No es posible encasillarse en un concepto estrecho y desde él pontificar acerca de ningún valor y trascendencia de toda una larga labor de prensa, que dañina y perversa significó un estado social típico de nuestro medio; no es posible escoger sólo ciertos aspectos del pasado y dejar los demás en la sombra por mero capricho. Tampoco se puede dejar de lado a estos hombres por el solo hecho de que no son de nuestras simpatías; el hombre es la raigambre más fuerte de los hechos históricos. Antes de condenar con violencia, preferible es tratar de comprender a esos hombres, interpretar sus intenciones y lo que fueron y valieron en su género, y dentro de un relativismo amplio”.

“Podráse decir que no era nada noble ni nada digno el papel desempeñado por los redactores del odiado pasquín, pero preciso es no olvidar que tales sátiras formaron conciencia y por sí solas constituyeron un hecho histórico perfectamente definido. Es un francés miembro de la Academia, quien dice: ‘Las pasiones, en cuanto son la causa de acontecimientos, son la substancia misma de la historia’ (Hipólito Taine. Tito Livio, Madrid, 196).”

“Precisamente La Lechuza y sus redactores influyeron en la opinión pública de Santa Cruz y por tanto tienen toda la característica del hecho histórico, ya que ‘sean obra de pocos, o sean obra de muchos, los fenómenos sociales afectan comúnmente por su naturaleza a la sociedad entera’ (Valentín Letelier. La evolución de la historia. Santiago, 1900. Vol. II, 457).”

“Podría objetarse que si bien La Lechuza merece considerarse, no así sus traviesos redactores y que por lo tanto no caben dentro de la clasificación que contempla su artículo, pero esto significaría un grave error, pues precisamente es el factor ‘hombre’ el que fisonomiza a todo hecho, conforme se ha dicho antes.”

“Adolescente aún, yo leía y releía curioso las páginas de pequeño formato del ‘periódico nocturno’, como se llamaba a sí mismo. Mi tío político, don Moisés Zambrano, contemporáneo de la época a que se refería La Lechuza, me asesoraba, explicándome el oculto sentido de las alusiones y poniendo ante mi vista todo el panorama social de entonces”.

“Yo me he leído esas páginas y allí en medio de tanta maldad y ponzoña, encontré mucha gracia, mucha ironía, condimentados con sal y pimienta de la tierra; muy propio y muy cruceño todo. Tan muy nuestro es, que en mi concepto representa una característica de la herencia española. Esa maldad, ese chiste barato a costa de los demás, y esa maledicencia son muy típicas del temperamento hispánico. Hágase constar aquí a este propósito la opinión de un gran pensador muerto há poco. ‘En la vida común y en el comercio corriente de las gentes, la extrema pobreza de ideas nos lleva a rellenar la conversación como de ripio, de palabrotas torpes, disfrazando así la tartamudez mental, hija de aquella pobreza; y la tosquedad de ingenio, ayuno de sustancioso nutrimento, llévanos de la mano a recrearnos en el chiste tabernario y bajamente obsceno. Persiste la propensión a la basta ordinariez que señalé cual carácter de nuestro viejo realismo castizo. (Miguel de Unamuno. En torno al casticismo. Madrid, 1916; 208).

“Rara me parece la negativa del doctor Felipe Leonor Ribera, de haber sido uno de los ‘lechuceros’, ¿vergüenza de los insultos que prodigó? ¿Arrepentimiento tardío de pasados errores? No sé. El ya referido don Moisés Zambrano fue compañero de mesa y hasta de alguna que otra aventura donjuanesca de don Gil Antonio Peña y por él mismo tuvo la confirmación que el verso popular (los lechuceros son tres…) no se engañaba en sindicar a los principales autores; agregaba que tenía bastantes colaboradores espontáneos y que muchas veces había sobra de material a seleccionarse, enviado por anónimos corresponsales”.

Humberto Vásquez amplía su defensa a Vicente Herrera y a Rafael Rivero y concluye: “Con referencia a estos valores un poco descuidados por sí mismos, no hay que extremar el tamiz de los calificativos y apreciaciones. Ya sabe usted (refiriéndose a Julio Salmón) aquello de ‘l’injustice énorme qui souvent régit les choses de ce monde preside a l’histoire comme a tout le reste’ (Ernest Renan. Saint Paul; 26e. ed. París, 1923; 121) Esta ingratitud, que de suyo trae la historia, no la aumentemos conscientemente y procuremos darle toda la amplitud necesaria, mucho más dentro del criterio con que encaramos las cosas de Santa Cruz. No pretendemos hacer la historia grande, la legendaria, con solo las cumbres más altas de nuestro haber. Nó; conforme usted dice, y yo sigo, tratamos de sacar del olvido a los que fueron ‘algo’ en nuestro medio. Juzguemos a esos hombres tal cual fueron y coloquémoslos en el sitial que les corresponde; humilde o soberbio, no importa, pero en el puesto que les corresponde”.

“No concluiré este párrafo sin hacer hincapié en el doctor Felipe Leonor Ribera pues considero que su puesto mejor, el más meritorio, para el que tiene mayores y más legítimos títulos es el de satírico, y más aún de panfletario. Su Abate Polidori es el más grande monumento del panfleto versificado que exista en la literatura boliviana. Francamente yo no conozco nada parecido a no ser el Apóstrofe de Almafuerte al Kaiser Guillermo II, cuando la guerra mundial. Es digna tal composición de ser estudiada, analizada, glosada y anotada, para que se perpetúe como merece”.

La extensa y fundamentada justificación de Humberto Vásquez en defensa de la sátira y los satíricos cruceños fue publicada en conjunto con Julio Salmón y, más de 80 años después, continúa vigente y poderosa.

Para muestra, basta señalar el bando carnavalero El Peine, crítico mordaz de la política y la farándula criolla, que también ha tenido que soportar la censura y la intimidación, pero al mismo tiempo ha ganado fieles seguidores y defensores.

Obviamente, habrá quienes desde la otra perspectiva argumenten en contra, y es también cierto que resulta un inaceptable anacronismo que la sátira esté inspirada en particularidades físicas o íntimas, y que si se refiere a los aspectos morales   también debería ser responsable porque ninguna disculpa, o rectificación podrán enmendar el daño inicial. ¿Podría hacerlo la justicia?

Luis Ramiro Beltrán (16), el comunicador boliviano ganador del Premio McLuhan, poco antes de su muerte en 2015 fue Defensor del Lector del grupo Líder conformado por ocho diarios;  dos de Santa Cruz, dos La Paz, uno de Cochabamba, uno de Sucre, uno de Potosí y uno de Tarija,. Dedicó algunas de sus columnas a las dificultades que atraviesan quienes se consideran agraviados y pese a que en su juventud ejerció el periodismo satírico y lo defendió cuando tenía buen gusto, reconoció que no es fácil defenderse de estas publicaciones. Con ironía indicaba: “No escriba como periodista aquello que no pueda sostener como pugilista”, para dar a entender que los autores tampoco tenían garantías personales frente a eventuales reacciones.

Uno de los cultores más reconocidos del género satírico en el periodismo boliviano, Alfonso Prudencio Claure, que firmaba con el seudónimo Paulovich, fallecido en 2019 a los 91 años de edad, dejó un valioso legado para comprender la política boliviana reciente. El escritor Ramón Rocha Monroy, señaló: “Murió Paulovich, un gran periodista que hizo del humor un arma letal”.

En su problematización, Arnold Benavides (1) plantea: ¿Será que la sanción establecida en la norma adjetiva del Código Penal en su capítulo sobre los delitos contra el honor, el motivo por el que no se los denuncia con frecuencia en los estrados judiciales? y ¿La incompatibilidad entre el bien jurídico protegido y la garantía ofrecida son causales de discrepancia entre La Constitución Política del Estado y el Código Penal?

Propone: “es necesario el aumento en la sanción de los delitos contra el honor, ya sea en la privación de libertad como también en una satisfacción pública mediante un medio de comunicación que el Juez de Sentencia establezca y así de alguna manera poder adecuarse a las garantías establecidas en la Constitución Política del Estado y proteger de mejor manera el honor y dignidad de las personas en nuestra sociedad”.

No hay, en el texto, ninguna referencia a la Ley de Imprenta y se menciona únicamente el capítulo de Delitos contra el honor del Código Penal y la Constitución Política del Estado (CPE).

El artículo 21 de la CPE indica “Las bolivianas y los bolivianos tienen los siguientes derechos. Inc. 3) A La Libertad, Honra, Honor, Propia Imagen y Dignidad. Art. 22.- La dignidad y la libertad de la persona son inviolables. Respetarlas y protegerlas es deber primordial del Estado”.

Del Código Penal se extrae: “Art. 282.- (Difamación): El que de manera pública tendenciosa y repetida revelare o divulgare un hecho, una calidad, o una conducta capaces de afectar la reputación de una persona individual o colectiva, incurrirá en prestación de trabajo de un mes a un año o multa de veinte a doscientos cuarenta días”. Art. 283.- (Calumnia) “El que por cualquier medio imputare a otro falsamente la comisión de un delito. Será sancionado con privación de libertad de seis meses a tres años y multa de cien a trescientos días”. Art. 289.- (Retractación) “El sindicado de un delito contra el honor quedará exento de pena, si se retractare antes o a tiempo de prestar su indagatoria. No se admitirá una segunda retractación sobre el mismo hecho”. (17)

Resulta curioso que la delimitación temporal (p. 11) de la investigación tome en cuenta “los últimos 5 años, periodo de tiempo que se incrementó las acusaciones injustificadas contra la reputación de las personas especialmente en el ámbito político (el trabajo es del año 2011)”.  

Antonio Gómez Mallea en Peso y levedad de los jurados de imprenta (18) p.91 indica que “la injuria y la calumnia constituyen delito sean o no falsas las imputaciones injuriosas. No se admite prueba para cubrir la penalidad, el ofendido tiene libre curso para reclamar ante juez ordinario, fuera del jurado (art. 6). Por el contrario, la prueba cubre la penalidad en caso de que el acusado compruebe los delitos que imputa a un funcionario público (art. 7) (posibilidad de denunciar los actos corruptos). El jurado puede disponer el secuestro de los ejemplares encausados (art.9).

La decisión del jurado es en única instancia, el fallo se ejecutará sin otro recurso. La ley no reconoce fuero alguno en estas causas, sin embargo, sólo el acusado (autor del escrito) podrá interpretar sus expresiones, reteniéndose éstas como su verdadero sentido, siempre que a juicio de los jurados no fuera claramente violento (posibilidad de dar satisfacción al ofendido y al jurado).

En el análisis jurídico-doctrinal, Gómez (p.148) refiere constantes vacíos en la Ley de Imprenta, empezando por la jurisdicción y una primera dualidad: la actividad de impresión y la prensa entendida como periodismo impreso. Uno de los argumentos esgrimidos para proponer la modificación de la señalada ley es precisamente el anacronismo de la Ley del año 1925, pero el Art. 2 es amplio: “Son responsables de los delitos cometidos por la prensa o por cualquier otro modo de exteriorizar y difundir el pensamiento”.

Advierte también una asimetría entre las obligaciones y las libertades de los periodistas producto de la siguiente dualidad: “La ley es muy difusa al determinar el sujeto de derecho. Por otro, es muy concreta al establecer un fuero específico para este sujeto vago, que puede ser prácticamente ‘todo hombre’. Estamos hablando del Jurado de Imprenta”.

“La particularidad del Jurado de Imprenta es que constituye un tribunal específico para el juzgamiento de delitos y faltas de imprenta y de prensa (o periodismo) específicamente cuando los mismos se refieren a tres tipos: Delitos contra la Constitución, delitos llamados contra la sociedad, es decir, los que comprometen la existencia o integridad del Estado y los delitos contra las personas individuales o colectivas, cuando los impresos los injurian directa o indirectamente, sean o no falsas las imputaciones injuriosas. En este último caso el jurado conoce en exclusividad y sin distinción de fueros las denuncias por ataques en la prensa contra funcionarios públicos como tales o gerentes de sociedad anónima o en comandita. Los ataques de injuria y calumnia contra particulares pueden ser llevados potestativamente ante el jurado o los tribunales ordinarios por los demandantes”.

Concluye Gómez que de esta manera, a través de la existencia del Jurado de Imprenta se reconoce a la prensa la facultad de fiscalizar el Estado, así como los órganos públicos de la sociedad. “Las fallas de procedimiento y la poca actividad de los jurados (de imprenta) sólo pueden imputarse al desconocimiento de la ley en nuestra convulsionada historia republicana. Por ello concluimos que cualquier modificación de la Ley de Imprenta o creación de una ley sobre información no puede dejar de considerar el mantenimiento de la institución de los jurados de imprenta. Hacer lo contrario, sería negar una de nuestras tradiciones jurídico-históricas más importantes”.

En la Ley de 30 de diciembre de 1944 (19), señala el “Art. 1 Desde la fecha, en todas las publicaciones que traten de la cosa pública o del interés privado de las personas, queda absolutamente prohibido el anonimato. Art 2. No se excluye de esta prohibición las que se hagan en tono burlesco o jocoso”.

En La vida política del meme (20), Zegada y Guardia abordan el potencial conspirativo del humor mediante memes y reconocen que la Ley de Imprenta está orientada bajo el tradicional principio de defensa de la libertad de expresión, “cuya dimensión complementaria es la responsabilidad ulterior. Eso significa que no se trata de un derecho absoluto, porque tiene límites. No se le puede decir todo lo que a la gente se le antoja sin medir consecuencias”.

Subrayan que pese a su antigüedad es valorada por su sabiduría en principios las libertades en contextos democráticos y admiten que “no se puede confundir la dinámica de los medios masivos con el de las redes sociales. A los medios se les puede exigir el cumplimiento del Derecho a la Información porque es su obligación, a las redes no, porque no son instituciones, son conglomerados de personas que expresan opiniones en sus contextos culturales”.  Indican que Antonio Gramsci, en sus polémicos textos sobre el proletariado ha sostenido que las clases subalternas, al no tener discursos articulados sistemática y lógicamente, recurren a sus manifestaciones folklóricas como lenguaje para expresar su conciencia crítica frente a la realidad social.

En conclusión, el derecho a la sátira como manifestación política, está sustentada con una larga tradición y reconocimiento de su potencial como contrapoder, ahora mediante el uso de recursos tecnológicos y nuevas narrativas, como lo son los memes. El carácter subversivo del humor se abre campo en el escenario de la disputa política boliviana, siempre bajo la sombra de la amenaza judicial debido a las fallas de procedimiento en la justicia sumada a la casi nula actividad de los jurados de imprenta que son los llamados a garantizar la libertad de expresión.

Frente a este panorama confuso surgen también voces que demandan mayor rigor en la defensa de la honra, mediante el endurecimiento de penas, ignorando que en el campo de las redes sociales, que es donde circulan con mayor profusión los contenidos satíricos, no existen posibilidades reales de restricción o censura y que los límites impuestos por el buen gusto y el sentido común son cada vez menos perceptibles.

En los medios de comunicación convencionales la interacción con las audiencias es muy limitada y los mecanismos de control tienen mayores posibilidades de intervención, mientras que en Internet y particularmente en redes sociales, el espacio de deliberación es masivo y autocontrolado, distante aún del brazo de la justicia y por tanto del monopolio del poder. Por ello se seguirá intentando aprobar leyes para controlar cualquier expresión (los mensajes de cualquiera para cualquiera) que sea vista como amenaza y se utilizará el pretexto de evitar el uso irresponsable de las redes para intentar introducir límites y sanciones.

Así, las personas ofendidas tienen escasas posibilidades de defensa y menos si se trata de funcionarios públicos. El derecho y la justicia, por ahora, no alcanzan para condenar a los satíricos en cualquier plataforma o soporte, pero siempre se podrá intentar aquellos movimientos por los flancos de aproximación indirecta para lograr la autocensura.

Referencias.

  1. Benavides Sanabria, Arnold “MODIFICACIÓN DEL CAPITULO DE DELITOS CONTRA EL HONOR, ADECUACIÓN A LA CONSTITUCIÓN POLÍTICA DEL ESTADO Y AUMENTAR LAS PENAS”. La Paz. 2011.
  2. REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Diccionario de la lengua española, 23.ª ed., [versión 23.4 en línea]. <https://dle.rae.es> [06052021].
  3. CORTEZ TOVAR, Rosario. Horacio y su historia de la sátira. Ediciones Complutense, 2017.
  4. Deverday Beamonte, José Ramón. Discurso satírico y derecho al honor 2014.
  5. ACNUDH, nota de prensa informativa sobre Tailandia. 13 de junio 2017.
  6. TRIBUNAL CONSTITUCIONAL ESPAÑOL. In Memoriam. 2012.
  7. LEY DE IMPRENTA. Gaceta oficial de Bolivia. 1925
  8. NACIONES UNIDAS. Declaración universal de los derechos humanos https://www.un.org/es/about-us/universal-declaration-of-human-rights
  9. Ramos, Fernando (2007). El secuestro de El Jueves y las injurias periodísticas a la corona, un injustificable ataque a la libertad de expresión. Ámbitos. Revista Internacional de Comunicación, (16) ,151-186. [fecha de Consulta 14 de mayo de 2021]. ISSN: 1139-1979. Disponible en:   https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=16801609
  10. Fernández Sarasola, Ignacio. Libertad de expresión y tutela de la corona: El caso de El Jueves. UNED. 2019 [fecha de Consulta 14 de Mayo de 2021] Disponible en https://dialnet.unirioja.es
  11. La SIP es una organización sin fines de lucro dedicada a la defensa y promoción de la libertad de prensa y de expresión en las Américas. Está compuesta por más de 1.300 publicaciones del hemisferio occidental; y tiene sede en Miami, Florida, Estados Unidos.
  12. Declaración de Salta Sobre Principios de Libertad de Expresión en la Era Digital, [fecha de Consulta 14 de Mayo de 2021] Disponible en Declaración de Salta Sobre Principios de Libertad de Expresión en la Era Digital
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  20. Zegada, María Teresa y Guardia, Marcelo. La vida política del meme. Interacciones digitales en Facebook en una coyuntura crítica. Plural. La Paz, 2018
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Periodismo

Entre Don Pito y El Peine, retorciendo el discurso oficial

Periodismo de humor político en Bolivia:

Entre Don Pito y El Peine, retorciendo el discurso oficial

 

Osman Patzi Sanjinés[1]

 

 

Introducción

En la numerosa prole del feliz romance entre la periodista y el payaso, el género es casual, uno de los hijos, el ovejo oscuro, el más parecido al papá, se llama periodismo de humor.

El chico tiene varios apodos y a él mismo le encanta ponérselos a sus prójimos. En el barrio universitario, donde se instaló no hace mucho con su familia, no es muy bien visto. Sus vecinos académicos lo han mirado siempre por encima del hombro.

Víctima fácil del acoso, el tal periodismo de humor suele manifestarse tímidamente en publicaciones formales o en publicaciones generalmente efímeras, siempre para vergüenza de sus parientes.

Solitaria es su vida, por mucho que intente alegrarla con sus chistes, porque la parentela no consigue ni desea entenderlo, y permanentemente lo llama a la reflexión para que recapacite y opte por seguir a sus hermanos en el periodismo serio o que ingrese abiertamente al ámbito de sus primos cercanos, en el entretenimiento, con disfraz y todo, donde incluso podrá aspirar a mejores perspectivas, sobre todo en la televisión.

Es terco porque tampoco quiere ser considerado humorista. Es obstinado y tiene una fijación enfermiza en contra de los poderosos, tengan el color que sea, incluso peor si llegan a ser sus allegados o parientes, pero golpeando donde más duele, con la burla. No hace chistes para que la gente ría, los hace para que la gente piense, se incomode y sonría con complejo de culpa. Tal es el espécimen del cual vamos a hablar apenas lo necesario, para no abusar de la tolerancia de los académicos aquí reunidos.

 

Como contrapoder 

En su libro Política para bufones (2012) Pedro González Calero, señala que la sátira política acompañó siempre al poder, “así que nada mejor que recorrer su historia a través de las burlas de aquéllos que con ingenio trataron de dejar a los déspotas en evidencia”.

Es fácil reírse de los políticos a los que se encumbra tan fácilmente y tanto cuesta bajarlos, porque abusan de su poder, y de los empresarios a los que se les engorda la billetera, y de los artistas y deportistas a los que se convierte en ídolos.

En el periodismo se usa la sátira como una forma de control social, como contrapoder. Se dice que se ríe a costa de ellos, porque ellos se ríen de los demás todo el tiempo, por lo tanto, es una expresión popular que canaliza el descontento. A Carlos Marx se le atribuye haber dicho que la historia se repite, primero como tragedia y luego como parodia. Porque después de una lucha violenta y tras el reacomodo de las fuerzas, los cambios se diluyen y el accionar de los nuevos poderosos es un remedo grotesco de lo que se hacía antes. Y no les causa gracia quedar en evidencia.

A los detractores de esta supuesta especialidad (el humor) les parece que esto no es periodismo, porque pasa por alto las que, se supone, son normas básicas del oficio. Y puede que tengan razón.

No se contrasta fuentes, se atenta contra la imagen, se exagera, se distorsiona, se fragmenta, se manipula, se omite con burla y se refuerzan estereotipos. En síntesis, se caricaturiza hechos y personas con alevosía y de manera impune. También se dice que no debería tener límites y cuanto más arbitrario mejor.

Empero, se puede lograr cambios a partir de la crítica social. No es sólo el chiste. Tiene que haber mensaje. El periodismo de humor es un factor de cohesión social que ratifica percepciones, porque cuando se miran caricaturas y viñetas en los diarios no se está mirando sólo dibujitos. Cada trazo esconde un poderoso mensaje. Leyendo entre líneas a los periodistas de humor, se puede entender fenómenos que de otro modo nos resultarían incomprensibles.  “Es la contraparte del efecto triunfal del discurso hegemónico”, dice María Ximena Ávila (2003) docente de la universidad Nacional de Córdoba.

La utilización sistemática de la paradoja, como recurso crítico, es una especialidad del fotomontajista Josep Renau (1977). O como se suele decir en el medio: lo bueno que tienen estos conflictos políticos es lo malo que se están poniendo”.

Teun van Dijk (1999), recuerda que:

el proceso de producción ideológica no es unilateral. No sólo se dirige del poderoso al público en general a través de los medios, ya que la elaboración de consentimiento puede también implicar una orquestación de disconformidad que refleja la estructura de poder. Las condiciones socioeconómicas también contribuyen a los contenidos y a las formas de opinión pública y dentro de unos márgenes flexibles, pero controlados, de protesta y resistencia los medios de comunicación, llevan el feedback hasta la estructura de poder.

 

Comparto con ustedes una frase del caricaturista del diario ecuatoriano El Universo, Xavier Bonilla, perseguido y procesado por el gobierno de Rafael Correa, hablando sobre el humor en el periodismo: “El humorista no tiene enemigos. Pero los enemigos siempre tienen un humorista. No entre sus filas, sino que tienen un humorista que les sale al paso al convertir, como un Midas al revés, en hojalata todo el oro que pronuncian”.

 

Sin embargo, existe una condición primordial para el humor. Y es que no es apto para los no inteligentes. Un instrumento fuertemente utilizado por el humor es la ironía. La desventaja de su tangente eufemística es el requisito de la inteligencia. Sólo el receptor inteligente puede procesar las significaciones que se desprenden de su ausencia y su presencia. La ironía es fundamentalmente cultural y esta clausura hace difícil su exportación.

La definición, desde el punto de vista de la semiótica, es clara: El humor no es un género autónomo. Se trata de un sesgo ideológico que toman las historias, una retórica específica. El mecanismo simbólico de su engranaje se inaugura en la transgresión, un romper las convenciones, pero esta ruptura no activa reacciones violentas o desagradables. Su táctica es, justamente, la empatía. De otro modo, el efecto deseado (la risa y la sonrisa) se anula y ya no es posible el goce.

El equívoco y el doble sentido son sus vehículos, los cuales emergen de procesos erráticos de la comunicación, de significaciones ajenas que tratan de ser compartidas.

El humor encuentra su materia prima en lo cotidiano. En ese espacio temporal es posible rescatar situaciones erróneas y hurgar sus signos. José Luis Martínez Albertos (1974) sostiene que el campo del humor en el periodismo, se extiende desde el costumbrismo a la política, y los encuadra entre los géneros interpretativos.

 

La vocación periodística por el humorismo político

Entre las múltiples respuestas sobre cómo nacen las vocaciones por este género periodístico en particular, encuentro bastante aceptable la teoría del biólogo Edward Osborne Wilson (1980), denominada sociobiología.

Según este biólogo, las humanidades y las ciencias sociales pasarán a ser ramas especializadas de la biología. O sea, los futuros periodistas en este momento están en laboratorios, literalmente.

Explica Wilson que las especies, incluida la humana, nacen determinadas genéticamente para cumplir determinados roles. Puso como ejemplo, en su texto Las sociedades de insectos, que una sola hormiga reina daba a luz a un millón de crías de una asombrosa variedad de tamaños, cada una de las cuales estaba destinada a cumplir una función específica. Las obreras salían a buscar comida. Las hormigas soldado formaban un ejército de merodeadoras, como los hunos y tártaros, y atacaban a otras colonias de hormigas. Se comían los cadáveres de sus víctimas y se llevaban como botín sus larvas para provecho de su propia colonia. Otras hormigas asumían el papel de granjeras, subían a árboles, capturaban orugas y larvas de escarabajos, “ordeñaban” sus secreciones (más alimento) y las llevaban a pasar la noche a la colonia subterránea, es decir, a las cuadras. ¡Como ganado! Nadie las entrenaba ni aprendían por observación. Nacían y ya sabían qué debían hacer.

Sospecho que entre la especie en extinción de los periodistas también ocurre esta selección.    Apoyado en la teoría de Wilson me atrevo a decir que basta mirar a los periodistas para adivinar qué especialidad tienen. Y con muy estrecho margen de error.

Parte de la historia no oficial en Bolivia

Chauvinistas como en cualquier lugar del planeta, los bolivianos se jactan de ser especiales y de conformar una sociedad única en el universo. Lo dicen incluso quienes tuvieron oportunidad de traspasar fronteras y de surcar océanos y cielos intercontinentales. Por lo tanto no sorprende que se escuche o se lea que las condiciones naturales de este país son ideales para ejercer el periodismo de humor político, si es que se lo acepta como un género más. Cuando al humorista boliviano David Santalla (2011), le preguntaron sobre el humor político, dijo: Muchas veces yo he evitado hacer humor político porque no me gusta la pornografía. Muchos mienten…”

Como sea, desde los albores del periodismo boliviano se han tenido noticias de la práctica de la ironía, el sarcasmo, que es como se suele identificar al periodismo de humor, sea abiertamente en columnas o publicaciones especializadas, o de modo más discreto, mimetizado entre el periodismo serio, o como ya se adelantó, en fugaces publicaciones independientes.

La inestabilidad política, o más bien lo estable de la personalidad en la generalidad de los bolivianos metidos en política, previa demostración de aptitudes en la práctica de algunos de los deportes nacionales como: el descontento, la envidia y la ambición, lo cual se aplicaría también a cualquier parte del planeta, según cómo nos percibimos individual y colectivamente, se interpreta como una ventaja.

De manera que para entender la historia, los procesos sociopolíticos contemporáneos, es preciso tomar en cuenta esta historia no oficial, porque el periodismo de hoy es la historia de mañana.

Desde la época en la que las rencillas, que provocaban los comentarios periodísticos, se resolvían en duelos de honor con padrinos incluidos, hasta los tiempos actuales en los que las reacciones son más sutiles. Un siglo de periodismo de humor boliviano, parte de la historia oficial y otra no oficial, registrada en cuartillas de escasa circulación, donde las vergüenzas nacionales no se esconden ni se disimulan, ni tampoco las victorias resultan sobredimensionadas.

En la revisión de la historia del periodismo boliviano se encuentra que la mayoría de los más connotados periodistas, en algún momento, hicieron periodismo de humor. Luis Ramiro Beltrán fundó en Oruro el semanario humorístico Momento y ejerció la sátira hasta dedicarse de lleno a la investigación sobre la comunicación, a inicios de los años cincuenta. En Oruro también circuló El Mosquito, de José Luque, que luego dirigió Cascabel en La Paz. Pedro Rivero Mercado firmó su columna como Tertuliador durante más de cuarenta años. Desde el mojón de la esquina, inspirado en El Buho, un periodiquito cruceño, describe en clave de humor, la época del auge de la goma. Otro ejemplo es Olla de grillos de Jorge Mancilla Torres, que firmaba como Coco Manto, perseguido por la dictadura de Hugo Banzer, que ahora vive en México.

Los llamados periódicos de Alasita, desde hace más de una década en varias ciudades del país, se hacen en esta clave de humor político.

Nos detenemos en cuatro estudios de caso, que de ninguna manera son los únicos ni necesariamente los más relevantes, pero son los que expresan mejor la relación entre periodismo de humor y poder político, en tres momentos históricos concretos: El semanario Don Pito, la columna de Paulovich, la revista Cascabel y el bando El Peine.

 

Don Pito

La asonada del 12 de julio de 1920, en el ocaso del gobierno liberal, generó un tormentoso ambiente político en el que las gacetillas palaciegas, nótese lo de ciegas, exaltaban las virtudes del gobierno liberal, mientras los periódicos del llano denunciaban el desbarajuste administrativo, desfalcos al erario fiscal y los privilegios del oficialismo. Cualquier pretexto se utilizaba para atacar y ridiculizar al Ejecutivo (Moscoso 1978).

Entre el gobierno de Bautista Saavedra y las postrimerías de la Guerra del Chaco, las rencillas políticas se hicieron más encendidas. Hubo deportados y se atacó la redacción de El Diario, trinchera del partido liberal.

Esto no ocurría únicamente en la sede de gobierno. En el diario La Patria, en Oruro, el 19 de octubre de 1923, el editorial señalaba los siete suplicios que el periodista debía soportar: 1. El de escribir para un lector en su mayor parte incomprensivo, 2. El ser juzgado no por gentes de su oficio, sino por profanos, 3.  Sufrir a sus colegas armados de enconos y emparedados de prejuicios, 4. En que casi siempre su honor y su carrera son incompatibles a menos que se mantenga recto y libre, en cuyo caso peca de extravagante, 5. El de la enemistad de los gobernantes, 6. El de sus colaboradores que rara vez son útiles y desinteresados, y 7. El del empleo incompensado de sus esfuerzos. Moscoso (1978).

La fusión de saavedristas y republicanos disidentes sostuvo al presidente Hernando Siles. A esta alianza se la llamó La Unión Nacional y el fenómeno político, aplaudido por el periódico Nueva Era dio insumos suficientes como para que un grupo de periodistas críticos y apegados al humor, escriban su versión sobre la historia con un semanario llamado Don Pito.

Viajemos, pues, a la ciudad de La Paz, al año 1926, cuando con 10 centavos y un poco de suerte se podía adquirir en la calle uno de los contados ejemplares de este semanario, dirigido por Roberto Jordán Cuéllar, con Víctor Maldonado Arce como jefe de Redacción y bajo la administración de Hugo García.

Un impreso de ocho páginas en tamaño tabloide, con ilustraciones de D.M. Landa que aparecía los lunes, y hasta el martes, ya no era posible encontrarlo en los puestos de venta, y como en aquel entonces no había fotocopias ni teléfonos que lo puedan fotografiar para compartirlo en WhatsApp, pasaba de mano en mano confidencialmente y a veces se extraviaba o se destruía involuntariamente, con sospechosos derrames de café o de api, o el viento abusivo dirigía certeramente las hojas a las brasas de alguna chimenea estratégica.

Ubiquémonos en el gobierno de Hernando Siles, con los banderines del centenario de la República, todavía presentes en las calles de la sede de gobierno -no hace mucho arrebatada a Sucre-, medallones conmemorativos aún relucientes y una urbe, La Paz, con su clase dirigente disfrutando de los beneficios de la explotación minera en Oruro y Potosí, comerciando con Europa, viajando en tranvía y mostrando estampas de otros pueblos del país que no tenían ni pavimento o alumbrado público como si fueran de otro continente.

¿Qué es lo que aparece en la primera página de este pasquín, a mucha honra? Bajo el encabezado, lo que en estos días se llama pomposamente logotipo e isotipo, la advertencia de que “no se aceptan duelos”. Negativa justificada en uno de sus editoriales, con el sólido argumento de que les parecía innecesario ofrendar la vida por algo tan vano y, que no disponían ni del tiempo ni de los recursos para pasarse las jornadas laborales entretenidos en tan arriesgados lances.

En primera página, edición del 29 de noviembre, estaba la caricatura dibujada de la víctima ocasional, generalmente autoridad relevante. Acerca del prefecto Arturo Prudencio se lee:

Se trata de un milagro con bigotes y lentes. Arturito es un milagroso chulicolímetro (…) cuando se trata de escribir de él, los adjetivos escasean, pues don Prudencio es escaso con todo respeto. Si a su cabeza nos referimos, pocos pelos le restan, ni qué decir de sus lentes, pues solo lleva uno para cada ojo: total, cuatro lentes. De todo él, lo más importante a nuestro juicio son sus hermanitos, simpáticos por excelencia y sport de profesión. Hoy por hoy es el prefecto de La Paz. Ante él por eso, doblamos esta humilde ofrenda de nuestros sentimientos y después de despachársela en un sobre sin estampilla, le deseamos luenga vida, buenos almuerzos y feliz desempeño. He terminado, no lo he fastidiado, pero he dicho: Usted será el siguiente.

De ese modo anunciaba a su próxima víctima, “porque el que avisa no traiciona”.

Refiriéndose a otra alta autoridad, Pepe Indaburo, comenta que aprendió a tocar el violín a los 3 años de edad. Luego interroga: ¿A qué edad se le olvidaría, no?

En su sector de diccionario, se lee: Agua.- Lo que venden en La Paz con el nombre de jugo de vaca”.

Don Pito, que no habla bien de nadie, tenía su redacción en la avenida Montes, número 106. En el Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia se conservan cuatro ediciones.

En sus páginas interiores estaba la nota editorial y espacios fijos como: Un día como hoy, el panorama político, pensamientos, fragmentos del libro La Paz vista desde 8.000 metros, de Daniel Pérez Velasco, nuestros libros y autores, el solfeo semanal y noticias baratas.

Entre otras cosas afirmaba que en Bolivia “no hay políticos, lo que hay son politicómanos, politicastros, politiqueros, politicómicos, politicogastrónomos, politicomodaticios, etc”.

En el editorial del primer número anuncian que: “al lanzar nuestra hoja a la circulación pública nos guía el interés de depurar el ambiente nacional…”

El lunes 13 de diciembre de 1926, en la página 4, bajo el editorial, aparece una nota que sirve para comprender mejor su posición entre sus colegas de oficio. Tiene el título: Personificación y color de la prensa local.

Acerca del periódico La Razón dice:

Señorita iracunda, violenta y rencorosa, mártir del Gólgota, del periodismo de raza puramente criolla. Le rompieron varias veces la dentadura con la que mordía fuerte, muy fuerte. La arrojaron a la calle desde su propia casa, por los balcones. Fue quemada viva como Juana de Arco. Ha salido al extranjero a pasar largas temporadas de veraneo oficial. Su boquita ¡ay! Que boquita. Parlanchina, decidora, ha sufrido las caricias de fríos candados y ásperas herraduras, consolada ahora con lágrimas en los ojos, condena a los que mal la quisieron (aunque a los que la maltrataron peor los abraza sin rencor y a regañadientes (dientes postizos) Se ha entregado últimamente () Su papito se lo ordenó pero aún tiene sus caprichitos. ¿Su color? Rosado verde agua.

Sobre El Diario escribe:

Este pobre viejo ya tiene sus añitos. Hombrecito de pecho en pelo, en pelo de otro pecho (de pelo en pecho no lo es) tiene pelos en la lengua. Habla con reserva, que es timidez o conveniencia (cree practicar aquello del ‘congreso de periodistas’ (…) no escribir como periodista lo que no se puede escribir como caballero. Apostamos a que nadie sabría decir cuál es el color de El Diario. ¿Que es incoloro? No, señor, o blanco o negro. Es blanco con matices verdes y aquí hacemos paréntesis al parentesco. El Diario ha sido condecorado también con las insignias de la herradura y la Orden del destierro.

Acerca de la Nueva Era:

Nueva Era es una ternera. Si no es verso es la pura verdad. Una ternera de nacimiento. Y es glotona y es guagua todavía. Es polícroma”.

De Bandera Roja dice:

La Bandera Roja es verdaderamente hábil lavandera de trapos sucios que después de exprimirlos los saca al sol. Su lema es Trapitos al sol. Su especialidad son los trapos que huelen a burgués, los trapos negros y morados que huelen a vela de sebo e incienso. Los pelos que le faltan en la lengua los tiene de sobra arriba del ombligo en ese lugar llamado pecho. ¿Su color? No es sencillamente rojo, es un rojo exclusivamente suyo, un rojo bomba anárquico, adinamitado.

Resulta evidente la afinidad con este medio, lo cual también se manifiesta en el editorial del 6 de diciembre de 1926, que lleva por título Los hijos de sus mamás. Dice: “nosotros estamos, valga la aclaración, al mismo nivel del valiente periódico Bandera Roja”.

 

Paulovich, 57 años y van

Uno de los mayores referentes del periodismo de humor en la actualidad es Alfonso Prudencio Claure, pariente próximo del Prudencio aludido en el semanario Don Pito, mantiene su Noticia de Perfil desde 1958, primero en Presencia y posteriormente en varios diarios del país, de modo simultáneo.  Quien inicialmente firmaba como Paulo y luego y hasta ahora como Paulovich, hizo un amague de retiro hace un par de años, alegando problemas con la vista, pero retornó casi de inmediato, aunque con menos frecuencia en sus publicaciones, y convencido de que tiene una misión, casi una responsabilidad, con esta forma de hacer periodismo. Entrevistado por el diario Página 7, enfatizó que los cultivadores contemporáneos del género eran “Gustavo Adolfo Otero, Juan Francisco Bedregal, Walter Montenegro y yo…” Y que no había más. (Alfonso Prudencio 2015).

Muchas de sus columnas periódicas fueron editadas en sus libros: Bolivia, Typical país (1960), Rosca Rosca, ¿qué estás haciendo? (1960-1961), Cuán verde era mi tía (1967), Apariencias (1967), Memorias de un joven puro (1973), Florecillas y espinillas (1973), Conversaciones en el motel (1976), Un humorista ante el muro de los lamentos (1980), Manual del perecto negrero (1980-1981), Elecciones a la boliviana (1989), Ríete y serás feliz (1994-1995)

La serie de semblanzas de figuras públicas publicadas en el suplemento literario del diario Presencia se titulaba “Apariencias” y se parecían mucho a las “Pitadas” de Don Pito, porque estos perfiles humorísticos eran ilustrados con caricaturas dibujadas por el escritor Pedro Shimoshe.

La noticia de perfil apareció en 1958, cuando Presencia pasó de ser semanario a diario. Su director Huáscar Cajías le encomendó la tarea de hacer una columna de humor. Fue así que la columna Cartas a mí mismo, que escribía semanalmente, firmándola como Paulo, pasó a ser La noticia de perfil, esta vez firmada con el seudónimo de Paulovich, que en lengua eslava quiere decir ‘el hijo de Paulo’.

Prudencio considera que escribir sobre humor es más difícil, porque se trata de un género mayor dentro de la literatura y el periodismo. “En un artículo serio se conoce el motivo, se busca el origen y el fin de cada problema; se hace un razonamiento y finalmente se llega a una conclusión. En cambio en el humor se puede repetir todo ese proceso, pero con mayores ingredientes, los cuales hay que saber utilizarlos”.

Ha creado varios personajes que le ayudan a interpretar la realidad social y política “para que los lectores no se aburran al leerlo en primera persona”. La tía Restituta viuda de Batistuta, los tíos Pelópidas y Huebastián, la tía Omaygad y también con su esposa, la ‘hispanoparlante‘.

Una columna reciente, publicada el 27 de agosto de 2015 es esta:

Evo no debe agacharse

Mientras mi mente ponderaba las consecuencias de la caída en la Bolsa de Valores de Shangai y Hong Kong, y las repercusiones de ese hecho en el precio de mis calzoncillos, apareció en mi oficina periodística la cholita cochabambina que me informa acerca de la actividad palaciega para decirme en voz alta y clara: “¡Es preciso que usted sepa que Evo no debe agacharse!”.

Completamente ajeno a la decisión gubernamental de agacharse o no cuando le da la gana, pregunté a mi reportera la razón de su extraño anuncio acerca de la posición vertical o inclinada de nuestro mandatario vitalicio, comprendiendo la cholita mi sorpresa al escucharle decir que Evo no debe agacharse. Recién entonces me enteré del escándalo nacional e internacional que se armó cuando en las pantallas de televisión empezaron a reproducir la escena que muestra a nuestro mandatario ordenando a uno de sus guardias personales que le atase los cordones de sus calzados, como si Evo no pudiera hacerlo él mismo, aunque en una posición indigna.

Al ver el mencionado video, comprendí al mandatario y entendí claramente la indignada frase de mi comadre “Evo no debe agacharse”, uniendo mi voz a la de mi comadre porque un hombre no debe agacharse jamás y menos todavía una mujer, porque en este mundo falaz nadie respeta a quien se agacha, sea un Presidente, un Vicepresidente o una cholita virtuosa como es mi comadre Macacha. Ya ingresando en el terreno práctico, la cholita cochabambina nacida en Quillacollo hizo caer al suelo un dólar, al que yo miré despectivamente, sin realizar ningún esfuerzo para recogerlo, actitud que aplaudió Macacha, sin comprender que otra habría sido mi actitud si se hubiera tratado de una cantidad mayor.

Volviendo a la negativa de Evo a ponerse en posición antiaérea para amarrarse los huatos de sus zapatos, dije a mi bambina cochabambina que nada habría sucedido si nuestro bien empilchado (que no es sinónimo de elegante) Presidente hubiera llevado “mocasines”, calzados muy cómodos y libres de “huatos”, como decimos los cholos en mi puebloAl finalizar nuestra conversación, convinimos con mi discípula en que esta fue la anécdota de la semana y que nuestro pueblo al conocerla criticó mucho a nuestro Presidente Vitalicio, acusándolo de endiosado y soberbio, siendo mi comadritay y yo los únicos que lo defendimos porque la vida nos ha enseñado que nunca hay que agacharse porque es peligroso.

 

Revista Cascabel

Si Prudencio es un referente en cuanto a columnistas, la revista Cascabel lo es en publicaciones especializadas.

Dirigida por Raúl Gil Valdez, y también por José Luque Medina, con Juan Alfaro Ramírez como subdirector, Fernando Terán como gerente y Carlos Calla como administrador, circuló durante más de 25 años y, según lo que se tiene documentado, es el medio humorístico que estuvo más tiempo en circulación. Entre las firmas de colaboradores figuran: Julio Arce, Raúl Rulo Vali, Jimmy, ‘Cocolizo Malatuerca, Tintazul, Ricardo Frías Sifrico’, René Mallea ‘Rema’, Calderón de la Parca y Guido Franco.

Con los sobrenombres y con los colaboradores ocasionales, existen dos fenómenos: Hay periodistas que usaron más de un sobrenombre, según la época y para burlar a los censores, y hay también sobrenombres multiplicados, es decir que varias personas usaron el mismo apodo. Las características del ejercicio de este tipo de trabajo así lo determinaron y por ello se suelen confundir. “Estamos nuevamente en las callosas manos del trabajador y cuidadas manitas del patrón. Ni referirnos a las manos descansadas y satisfechas de los que reciben dos mil setecientos mensuales”. (Cascabel número 79, año 25, diciembre de 1986. 3 bolivianos).

De ese modo inicia la nota “Edictorial”. Correspondiente a la tercera y última época de esta revista, fundada en 1960, desaparecida en 1970, relanzada en su segunda época en 1981 -antes del retorno a la democracia (1982)- y cerrada meses después, luego de seis números, durante el periodo hiperinflacionario, en el régimen de Hernán Siles Suazo.

Esta revista reunió a grandes dibujantes e historietistas con reconocidos periodistas. Abordó la política criolla, sazonándola con ironía y mostró el lado humorístico de un periodo marcado por sucesivos golpes de Estado y en sus últimas ediciones abordó la problemática del narcotráfico, corrupción, crisis económica, y también criticó la programación en la TV.

 

El Peine

Como se señaló, el ejercicio del periodismo de humor político tiene muchos ejemplos en Bolivia. En Santa Cruz, durante el auge del narcotráfico y en el periodo de la democracia pactada, surgió uno de sus referentes.

El referente de periodismo de humor en Santa Cruz tiene disfraz de bando carnavalero. o viceversa. Circula desde 1989 y reúne las características de una revista de humor político porque trasciende a lo carnavalero. En sus 26 ediciones ha mantenido su espíritu crítico y mordaz.

Walter Sánchez, uno de sus fundadores, sostiene que El Peine se ha ganado el sitial que tiene, porque pudo mantener su independencia de los poderes en los sucesivos cambios de gobierno a escala nacional y regional. Por este motivo también ha sido cuestionado por medios de comunicación que se sienten afectados por sus comentarios.

Editado en forma de revista, tiene secciones fijas y se mantiene actualizado con los temas políticos, deportivos e incluso de la farándula internacional y criolla.

Abordar un tema tabú, como lo fue la relación entre la política, el narcotráfico y el deporte, y enfrentarse a medios de comunicación tradicionales le dio un sitial preferente y diferenciado con respecto a otros bandos carnavaleros.

Alejado geográficamente del centro de poder político, a diferencia de los otros casos nombrados, El Peine aborda en sus ediciones las relaciones de los círculos de poder económico en Santa Cruz y critica a los gobiernos departamentales y municipales.

Influenciado por publicaciones universitarias, ganó las calles primero de modo gratuito y luego, gracias a su éxito, se vende durante la época carnavalera.

 

Apuntes finales

El humor político se ejerció y se ejerce en Bolivia desde los albores del periodismo. Se trata de un humor que busca incidir en la sociedad, cumple un rol social como contrapoder y utiliza las herramientas de la ironía, la paradoja, el absurdo, para convertirse en una expresión popular y accesible.

Los cuatro momentos y ejemplos concretos, aquí expuestos, ayudan a entender los complejos periodos de la inestabilidad política nacional. Cada uno utilizó las herramientas que tenía a su alcance para interpretar y cuestionar, desde la perspectiva humorística, al poder y también a la sociedad.

Es una aproximación, en el entendido de que falta por descubrir y sacar del anonimato a muchos otros, así como identificar las nuevas formas de hacer periodismo de humor, por intermedio de redes sociales o usando distintos soportes.

 

Referencias bibliográficas

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G

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W

 

[1] Periodista y director del periódico virtual satírico “El Otro Amarillo”.  Docente en la Universidad Privada de Santa Cruz UPSA. Columnista de El Deber.

 

Ponencia presentada en el IX Encuentro Nacional de Investigadores de Comunicación, Sucre, Bolivia septiembre de 2015.

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Periodismo de humor


Osman Patzi S.*

Espero que no parezca un chiste el hecho que sea yo quien les hable del periodismo de humor. De todas maneras, estoy seguro de que nos vamos a divertir un poco. Es común que al empezar una charla sobre determinado tema nos remontemos a los antecedentes, a la historia. A veces resulta inevitable, pero quisiera que me permitan en esta oportunidad referirme al futuro, a la teoría aquella de Edward Osborne Wilson, denominada sociobiología. Según este biólogo, las humanidades y las ciencias sociales pasarán a ser ramas especializadas de la biología. O sea, los futuros periodistas en este momento están en laboratorios, literalmente. Explica Wilson que las especies, incluida la humana, nacen determinadas genéticamente para cumplir determinados roles. Puso como ejemplo, en su texto Las sociedades de insectos, que una sola hormiga reina daba a luz a un millón de crías de una asombrosa variedad de tamaños, cada una de las cuales estaba destinada a cumplir una función específica. Las obreras salían a buscar comida. Las hormigas soldado formaban un ejército de merodeadoras, como los hunos y tártaros, y atacaban a otras colonias de hormigas. Se comían los cadáveres de sus víctimas y se llevaban como botín sus larvas para provecho de su propia colonia. Otras hormigas asumían el papel de granjeras, subían a árboles, capturaban orugas y larvas de escarabajos, “ordeñaban” sus secreciones (más alimento) y las llevaban a pasar la noche a la colonia subterránea, es decir, a las cuadras. ¡Como ganado! Nadie las entrenaba ni aprendían por observación. Nacían y ya sabían qué debían hacer. Sospecho que entre la especie en extinción de los periodistas también ocurre esta selección. Los pintudos, como aquí mis colegas (…), abrazan el periodismo económico; por otro lado están los que hacen política, es decir, ehh… periodismo político; los que hacen prensa deportiva; de farándula; de policiales; y todas las especialidades que se les ocurra. Los que se ríen a costa de todos ellos ya pueden imaginarse quienes son o quienes nos creemos que somos. Apoyado en la teoría de Wilson me atrevo a decir que basta mirar a los periodistas para adivinar qué especialidad tienen. Y con muy estrecho margen de error. Cuando decidí el nombre que llevaría mi periodiqiuito, en vías de extinción, igual que los periodistas, también estaba intentando hacer un chiste. Que obviamente no les hace gracia a los que se precian de serios y son amarillos, en el sentido ese peyorativo de lo peor de la prensa. Cuando digo El Otro Amarillo, es porque les estoy gritando que no soy el único. El otro es alguien de quien nos reímos. Descubrí que muchos periodistas se sienten atraídos por las columnas de los periodistas serios, es decir, de los que entre chiste y chiste dicen lo que otros callan. En Bolivia son más de los que me imaginaba porque no hay buen periodista que alguna vez no se haya dejado tentar por la sátira y el humor para contar hechos cotidianos. Nuestro estimadísimo doctor Luis Ramiro Beltrán editó en plena revolución emenerrista el semanario Momento y volcando ese viejo adagio de que no se puede decir como periodista lo que no se puede mantener como hombre, advertía que “no decían como que periodistas lo que no podían sostener como pugilistas”. Don Pedro Rivero Mercado nos ha malacostumbrado a su Tertuliador, desde el mojón de la esquina y don Alfonso Prudencio, el inefable Paulovich, desde su Columna de perfil, nos refrescan lo cotidiano y son claro ejemplo, por mencionar sólo a los que han sido homenajeados recientemente. Las que son escasas, o al menos efímeras, son las publicaciones especializadas y ahora entiendo por qué. Imprimir es muy caro. Además son un atentado contra las buenas costumbres. Son consideradas subversivas y sólo en alasitas o en carnaval se les concede algunas licencias. Imposible no mencionar a la desaparecida revista Cascabel. Los periódicos paceños aprovechan el festejo del dios de la Abundancia para publicar miniaturas con noticias chistosas y picantes, con el diseño del diario supuestamente serio. Por estos lares es el dios Momo el que auspicia los bandos y si alguno sobresale es El Peine, tan esperado en carnaval como la elección de la reina porque escapa del estilo en verso y se convierte en revista, con secciones y todo. Y en este punto que considero el clímax de mi modesta intervención, me parece oportuno hacer una importantísima puntualización. Los periodistas que se dedican al humor no son humoristas. No pueden, aunque quisieran. No hacen chistes para que la gente ría, los hacen para que la gente piense, se incomode y sonría con complejo de culpa. Por eso los periohumoristas, si vale el término, son personajes solitarios e incomprendidos. Nos causan gracia sus ocurrencias siempre y cuando nosotros estemos al margen. Es fácil reírse de los políticos a los que nosotros mismos hemos encumbrado y abusan de su poder, y de los empresarios a los que les hemos engordado las billeteras, y de los artistas y deportistas a los que hicimos famosos sin que lo merezcan. Si descubrimos que somos cómplices, reímos ya por disimular. Se usa la sátira como una forma de control social, pero muchas veces los aludidos son tan cuerudos, que no se les hace mucha mella. Decimos que nos reímos a costa de ellos, pero ellos se ríen de nosotros todo el tiempo y entonces es un intento por equilibrar la situación. A los detractores de esta supuesta especialidad (el humor) les parece que esto no es periodismo porque pasa por alto las que se supone que son normas básicas del oficio. Y puede que tengan razón. No se contrasta fuentes, se atenta contra la imagen, se exagera, se distorsiona, se fragmenta, se manipula, se omite, con burla, con escarnio. Se refuerzan estereotipos. En síntesis, se caricaturiza hechos y personas con alevosía y de manera impune. ¿Quiénes nos creemos que somos? ¿De dónde salió la autorización para deshacer tantas honras? Simplemente de nuestra necesidad de llegar a la gente, de pensar que se puede lograr cambios a partir de la crítica social. No es sólo el chiste. Tiene que haber mensaje. El periodismo de humor es un factor de cohesión social que ratifica percepciones, porque cuando se miran caricaturas y viñetas en los diarios no se está mirando sólo dibujitos. Cada trazo esconde un poderoso mensaje. Leyendo entre líneas a los periodistas de humor se puede entender fenómenos que de otro modo nos resultan normales. O que así nomás tienen que ser. “Es la contraparte del efecto triunfal del discurso hegemónico”, dice María Ximena Ávila, docente de la Universidad Nacional de Córdoba. La utilización sistemática de la paradoja como recurso crítico es una especialidad del fotomontajista Josep Renau. O como se suele decir en el medio: “lo bueno que tienen estos conflictos políticos es lo malo que se están poniendo”. Teun van Dijk, recuerda que “el proceso de producción ideológica no es unilateral. No sólo se dirige del poderoso al público en general a través de los medios, ya que la elaboración de consentimiento puede también implicar una orquestación de disconformidad que refleja la estructura de poder. Las condiciones socioeconómicas también contribuyen a los contenidos y a las formas de opinión pública y dentro de unos márgenes flexibles, pero controlados, de protesta y resistencia los medios de comunicación, llevan el feedback hasta la estructura de poder”. Comparto con ustedes una frase del caricaturista del diario ecuatoriano El Universo, Xavier Bonilla, hablando sobre el humor en el periodismo: “El humorista no tiene enemigos. Pero los enemigos siempre tienen un humorista. No entre sus filas, sino que tienen un humorista que les sale al paso al convertir, como un Midas al revés, en hojalata todo el oro que pronuncian”. Sin embargo, existe una condición primordial para el humor. Y es que no es apto para los no inteligentes. Es una ventaja adicional que ha permitido salvar el pellejo a muchos chistosos de la prensa. Existen varias anécdotas, en especial durante las dictaduras. A los gorilas les costaba tanto entender los chistes, que cuando caían en cuenta del hachazo, el periodista ocurrente ya estaba a buen recaudo. La definición, desde el punto de vista de la semiótica, es clara: El humor no es un género autónomo. Se trata de un sesgo ideológico que toman las historias, una retórica específica. El mecanismo simbólico de su engranaje se inaugura en la transgresión, un romper las convenciones, pero esta ruptura no activa reacciones violentas o desagradables. Su táctica es, justamente, la empatía. De otro modo, el efecto deseado (la risa y la sonrisa) se anula y ya no es posible el goce. El equívoco y el doble sentido son sus vehículos, los cuales emergen de procesos erráticos de la comunicación, de significaciones ajenas que tratan de ser compartidas. El humor encuentra su materia prima en lo cotidiano. En ese espacio temporal es posible rescatar situaciones erróneas y hurgar sus signos. Un instrumento fuertemente utilizado por el humor es la ironía. La desventaja de su tangente eufemística es el requisito de la inteligencia. Sólo el receptor inteligente puede procesar las significaciones que se desprenden de su ausencia y su presencia. La ironía es fundamentalmente cultural y esta clausura hace difícil su exportación. De ahí que aparezca cierta dificultad a la hora de entender los chistes gringos, como este: El párroco se dirige enojado a la Alcaldía del pueblo, ingresa y le dice a la autoridad: -señor Alcalde, es lamentable que usted como autoridad no ordene recoger ese burro muerto que está frente a la iglesia botado ya desde hace una semana. El alcalde que no estaba ese día de muy buen humor, le responde: -¿Y usted, como buen cristiano, por qué no le da una cristiana sepultura? El cura responde en tono sarcástico: -Sí… ¡pero también como buen cristiano es mi deber, antes del entierro, avisar a sus familiares! … Bibliografía WOLFE, Tom (2000) El periodismo canalla y otros artículos Ed. Punto de lectura, Madrid BONILLA, Xavier (El humor en el periodismo) ÁVILA, María Ximena (2003) Discurso periodístico y humor. Sala de Prensa VAN DIJK, Teun A. (Racismo y análisis crítico de los medios. Ed. Paidós, Barcelona RENAU, Joseph (1977) The American Way of Life. Ed. Gustavo Gilli, Barcelona GREBE, Ronald y otros (2000) Historieta y caricatura en Bolivia. Ed. Soipa, La Paz RIVERO, Giovanna (2005) Semiología aplicada, texto para la materia. UPSA, Santa Cruz

*Osman Patzi S. es periodista, director del semanario El Otro Amarillo, docente de la UPSA y la UEB, corresponsal del Observatorio Nacional de Medios y secretario general de la Confederación Sindical de Trabajadores de la Prensa de Bolivia. Ponencia presentada en el seminario de periodismo realizado en la Universidad Privada Domingo Savio, en Santa Cruz, marzo de 2009.

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